¿Por quién votaré?
Luego de la experiencia reciente, concentremos esfuerzos en el Parlamento. Particularmente en el Senado, que asegurará la estabilidad del país. Desterremos del Congreso arreglos bajo la mesa.
Textos para inspirar tu proceso creativo, acompañarte en la escritura y compartir los hallazgos que surgen en los talleres.
Luego de la experiencia reciente, concentremos esfuerzos en el Parlamento. Particularmente en el Senado, que asegurará la estabilidad del país. Desterremos del Congreso arreglos bajo la mesa.
Me niego a votar por el comediante solo porque va tercero o porque convirtió los debates en un capítulo más del “Especial del Humor”.
No sé si los jóvenes tienen idea de lo que fueron los comicios del 2000: las fraudulentas elecciones urdidas por el régimen de Alberto Fujimori, quien no tenía ninguna intención de dejar el cargo tras una década en el poder.
Era la corrupción en su forma más primitiva y cotidiana. Lo triste, para mí, fue la pasividad de la gente. Logré al menos que no se robara mi sitio, pero cuando lo denuncié ante el resto de la fila, la reacción de todos fue fría, de hombros caídos.
Lo dijo en inglés: “I’m not learning your damn language”, porque el dominio cultural y político de este hemisferio se ejerce en inglés. El idioma español y el bilingüismo solo constituyen un activo utilitario para subordinados como Marco Rubio, su secretario de Estado de ascendencia cubana.
Desconfiemos de los que aducen que por sí solos lograrán salvarnos. Una persona poco hará para solucionar los inconvenientes del país. Requieren rodearse de equipos talentosos. Liderar es delegar y escuchar.
Que no quepa duda: el pavo real se vanagloria de su cola. La estabilidad geopolítica del mundo y el derecho internacional están hechos añicos desde que Estados Unidos se dejó gobernar, por segunda vez, por un miserable de tez naranja. Excusas para atacar países y derrocar regímenes las habrá siempre.
Lo que algunos percibiremos como exceso, los demás lo entenderemos como notable...
Se me ocurrió, por ejemplo, escribir sobre Cide Hamete Benengeli, el supuesto autor musulmán de “Don Quijote de la Mancha”, según el mismo narrador de la novela, parte de ese andamiaje de metaficción que propone Cervantes y que Borges aprovechó para escribir esa brillante broma que es “Pierre Menard, autor del Quijote”.
Digamos que viene en el chip, que es parte de nuestra idiosincrasia. No entendemos la vida si no es de manera dramática y exagerada, como un capítulo de “La rosa de Guadalupe”.
En su libro “El amor es imposible”, el filósofo y divulgador argentino Darío Sztajnszrajber sostiene que todos los amores no son más que “una copia del primer amor, que además nunca existió”. Esta idea de lo inalcanzable (la ausencia, lo que nos falta, lo que se busca y no se encuentra) es lo que mejor podemos definir como “objeto de deseo”.
Casi es como si Joyce escondiera el corazón del relato en prolongadas escenas donde el narrador describe al detalle la fiesta en casa de las tías, a orillas del río Liffey, una suerte de relato costumbrista donde el lector desprevenido podría perderse.
En estos meses Benito se ha apoderado de una esquina de mi habitación, del sillón de mi computadora, afilado sus garras en todos mis muebles, masticado mis plantas hasta matarlas, utilizado mis ventanas como su atalaya personal. Se ha quedado también con mi tiempo.