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Ahí está el detalle
Lo que algunos percibiremos como exceso, los demás lo entenderemos como notable...
Alfredo Coronel Zegarra
01 de marzo de 2026
5 min de lectura
“¿Viste que le faltaba…?” quizá conozcamos a alguien, cuando no seamos nosotros, que está siempre anotando y fijándose en la exactitud y los pormenores.
Aparte de males obsesivo-compulsivos, ocuparnos de que cualquier pieza se halle en su lugar dista de constituirse en asunto común. Estaremos los que valoramos dichos quehaceres, otros ensayaremos apuntar tantos como podamos y terceros les restaremos relevancia.
En las empresas, operar con calidad, adaptarse continuamente e innovar se basan en procesos y procedimientos, muchas veces redundantes, buscando satisfacer a los clientes. Mientras que en la administración pública da la impresión de que a nadie le sedujese conseguir el mínimo de precisión y acomedimiento.
Estas épocas de polarización y suspicacia llevan a varios a sospechar de toda eventualidad. Ven en cada elemento la señal inequívoca del enemigo infiltrado; ¿acaso no lo notamos? En ocasiones parecen delirantes o paranoicos.
Vivir pendientes de los pasos seguidos, las fallas e incorrecciones cometidas o de cumplir al pie de la letra lo ofrecido se antojarán exageraciones. Sin embargo, no lo son si se refieren, por ejemplo, al médico que nos operará o al ingeniero que construirá nuestra casa. Es así que en ciertos casos la vigilancia de las acciones propias o del resto se vuelve imprescindible.
Con seguridad habrá circunstancias donde esto devendrá en innecesario, aunque ello resultará relativo y subjetivo. Lo que algunos percibiremos como exceso, los demás lo entenderemos como notable. Mantener la mirada clavada en lo que vestimos puede asemejar una muestra de acoso y de intromisión imperdonable, a menos que se trate del director de un desfile o de quien produce una obra de arte. ¡Ser puntilloso importará! Entonces, también tendremos que considerar la labor u ocupación de los juzgados.
Darnos por enterados de cuándo es suficiente representará algo harto difícil de aprender, máxime dada su interpretación tan particular.
Junto a lo anterior, encontramos gente que de modo intermitente lo hace con la finalidad de molestar, creerse los interesantes o pretender poseer conocimientos de los que carecen. La crítica fácil y los comentarios al aire: “digo por decir” pueden implicar cargas negativas.
En resumen, la atención desmedida a la minuciosidad terminará convirtiéndose en trivial o despreciable en determinadas coyunturas y trascendente en las sobrantes. La distinción es personalísima. La manera de actuar frente a dichas situaciones dependerá del contexto, los individuos incluidos, las actividades involucradas y el momento en que se realizan. Demasiadas variables, mejor guiémonos con el instinto, la experiencia o el saber y conduzcámonos de la forma en que nos sintamos cómodos.
Como diría el gran actor Mario Moreno, encarnando a su personaje Cantinflas: “Ahí está el detalle su señoría”.
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