Un sitio donde no hay nadie (Capítulo 1)
A la media hora de pisar el lugar vi desde la recepción mi número de cita parpadeando y al poco rato se abrió una puerta por el pasillo izquierdo que da a los baños y salió una flaca, enana, pero apetitosa mujer. Tenía los ojos sombreados de negro y un vestido de flores primaverales. Caminaba como un enérgico soldado. Los labios tiesos y bien pintarrajeados de guinda.
Leer artículo