Rojo vulgar
Intentó absorber un poco el aire húmedo. Miró su celular: faltaban trece minutos para las siete. Cerró los ojos. Pensó que todo aquello era quizás solo una pesadilla. Los abrió. Las manchas seguían ahí, más frescas y vivas. Su corazón era un puño golpeando las costillas con tal violencia que hacía vibrar el collar de mariposas tornasoladas que resplandecían en su garganta. Cada aleteo metálico le dejaba una marca rojiza.
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