Bicho raro
No sé cuánto tiempo había pasado desde que llegamos, pero la música del restaurante había subido muchos decibeles y solo nos entendíamos leyéndonos los labios. Había un tumulto de gente que caminaba entre las mesas y se paraba a nuestro lado con una copa de vino. Los roces en nuestros hombros y brazos empezaron a aparecer.
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