Una segunda oportunidad
No estaba en la habitación del asilo, reconocí casi de inmediato el lugar. Era mi propio cuarto hace casi 40 años atrás. Miré mis manos, no tenían arrugas ni lunares por la edad. Me levanté rápido, el cuerpo no me pesaba ni los huesos me dolían. Me miré al espejo, mi rostro estaba casi impoluto de rasgos de vejez, mi cara se veía como cuando tenía 35 años.
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