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¿Por quién votaré?
Luego de la experiencia reciente, concentremos esfuerzos en el Parlamento. Particularmente en el Senado, que asegurará la estabilidad del país. Desterremos del Congreso arreglos bajo la mesa.
Alfredo Coronel Zegarra
05 de abril de 2026
5 min de lectura
El próximo domingo iremos a sufragar. Algunos habremos estudiado con minuciosidad a los candidatos, otros tendremos dudas entre un par de opciones y gran parte, aún no habremos decidido. Pues estamos a tiempo. Elegir juiciosamente es la principal tarea para el siguiente quinquenio. ¿Qué hubiésemos alcanzado de haber elegido en el anterior aplicando la razón? La rabia, el despecho o el enojo nada bueno traerán al país.
La falta de seriedad nos mortifica, ¿lo harán cascarones postulando a diestra y siniestra? ¿Fortaleceremos instituciones seleccionando grupos amicales bien preparados, mas actuando sin organicidad? ¿Confiaremos en que obtendremos un período completo dando pase a improvisados?
La transparencia y la rendición de cuentas deben evaluarse de forma permanente. Nadie es perfecto, pero, ocultar el pasado o pretender que los errores propios son inexistentes, antes que de los contrincantes, habla de nuestro desprecio hacia la verdad. Exijamos integridad si deseamos combatir criminales y corruptos.
El criterio se ejercita reconociendo que hemos aprendido; distinguiendo que el Estado difícilmente puede crecer “ad infinitum” y que el mercado asigna mejor los recursos. Igualmente, que los ciudadanos valoramos sistemas que nos simplifiquen la vida, gracias a procesos meritocráticos. Y que, aunque compartimos idénticos derechos, las libertades representan, en realidad, deberes individuales.
Liderar es priorizar lo relevante, aceptando que somos incapaces de tener siempre la razón y que precisamos del resto. Es delegar conscientemente, sabiendo que hay responsabilidad política y técnica que asumir paso a paso. Construir una nación viable se logra conjugando intereses dispares; así atraeremos la inversión privada que producirá empleo y desarrollo. Las habilidades para negociar difieren de imponer órdenes o entregar dádivas, eso ningún respeto generará. Tampoco lo hará que variemos de opinión con frecuencia.
Gobernar necesita sostenerse en el Legislativo. Tener bancadas fragmentadas es pernicioso. Asegurar que partidos experimentados y cohesionados accedan al poder consolidará mayorías claras y evitará llenarnos de tránsfugas.
Dejemos atrás a los prontuariados y a los populistas. Olvidémonos de los irresponsables con las cuentas fiscales. Ninguno que ofrezca cambios radicales, que pretenda solucionar cada cosa al instante y menos cualquiera que aduzca que modificar la Constitución mejorará nuestra vida.
Luego de la experiencia reciente, concentremos esfuerzos en el Parlamento. Particularmente en el Senado, que asegurará la estabilidad del país. Desterremos del Congreso arreglos bajo la mesa.
Sin embargo, la realidad dista de ser perfecta; las agrupaciones deben pasar la valla electoral. Entonces, si sufragamos por movimientos que no lo hacen esas preferencias serán inútiles. Solo alrededor de diez colectivos superarán dicho límite. En todas las listas encontraremos gente capaz y carente de antecedentes penales. ¡Escojámoslos!
¿Eludiremos otro lustro desastroso? Sacrifiquemos afinidades personales y votemos por el Perú.
Nota: Esta columna volverá el 19 de abril de 2026.
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