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Sobre el amor

En su libro “El amor es imposible”, el filósofo y divulgador argentino Darío Sztajnszrajber sostiene que todos los amores no son más que “una copia del primer amor, que además nunca existió”. Esta idea de lo inalcanzable (la ausencia, lo que nos falta, lo que se busca y no se encuentra) es lo que mejor podemos definir como “objeto de deseo”.

Pedro Casusol
07 de noviembre de 2025
5 min de lectura
“Past Lives”, la ópera prima de Celine Song, resulta ser un hermoso ensayo sobre la imposibilidad del amor. Sus protagonistas, Nora y Hae Sung, son dos niños que creen estar enamorados, pero la relación nunca se llega a concretar en el Seúl de la década de 1990. Ella tiene que migrar a Canadá con su familia y el vínculo se rompe. Cada uno crece, encuentra su lugar en el mundo y define su identidad según las decisiones que va tomando. Doce años más tarde, la tecnología les permite volver a encontrarse a través de una webcam. A partir de ahí, los personajes se embarcan en una feroz búsqueda de aquello a lo que llamamos “primer amor”. En su libro “El amor es imposible”, el filósofo y divulgador argentino Darío Sztajnszrajber sostiene que todos los amores no son más que “una copia del primer amor, que además nunca existió”. Esta idea de lo inalcanzable (la ausencia, lo que nos falta, lo que se busca y no se encuentra) es lo que mejor podemos definir como “objeto de deseo”. Porque el ser humano es un ser caprichoso que quiere lo que no puede tener. En ese sentido, esta película aborda la fantasía romántica que inventamos y que sus personajes buscan luego en la vida adulta. Lo mejor es que este conflicto se presenta de manera simple, con grandes diálogos. Me hizo pensar mucho en “In the Mood for Love”, la obra maestra de Wong Kar-wai, y en la trilogía “Before” de Richard Linklater. También me hizo pensar en “La dama del perrito”, el inmortal cuento de Chéjov. Me refiero a esa parte en la que su protagonista, Gúrov, se separa de Anna tras su romance en Yalta. Para él, los días en Moscú dejan de tener sentido. No puede separarse de su recuerdo, porque se supone que no la volverá a ver. “Recorría largo rato la habitación, recordaba y sonreía; luego los recuerdos se convertían en sueños, y después el pasado se mezclaba en su imaginación con lo que había de llegar”, nos dice el narrador. Precisa descripción de lo que supone la descolocación del amor. El mal que sufre Gúrov implica un desajuste de la realidad, entregarse a la fantasía: “Si cerraba los ojos, la veía como si la tuviera delante, y le parecía más bella, más joven, más dulce que antes, y él mismo creía ser mejor de lo que había sido entonces, en Yalta”. Nos enamoramos de una idea, de la proyección que hacemos en nuestra propia caverna de Platón. Cuando Hae Sung viaja a Nueva York para encontrarse con Nora, lo que busca es algo que no existe. Celine Song decide abordar este desencuentro para desbaratar el discurso oficial, ese que vemos en las vallas publicitarias y que celebra el 14 de febrero con flores y ositos de peluche. En “El banquete” de Platón, el libro definitivo sobre estos menesteres, Aristófanes desarrolla lo que llamamos el “mito del andrógino”, de donde parte la idea ridícula de que existe algo parecido a una “media naranja” aguardando por nosotros en alguna parte del mundo. ¡Como si la función de alguien en la vida fuera completarnos! No, el amor es la ausencia y el desencuentro. Gúrov se enamora de Anna porque no debe hacerlo, porque sabe que eso le complicará la vida.  Volviendo a “El banquete”, es Sócrates quien nos brinda en el relato una hermosa teoría sobre el amor. Según él, Eros busca la inmortalidad a través de la filosofía y la creación de lo bello, porque este solo puede subsistir con la invención de lo nuevo. Celine Song debe haber intuido algo de esto cuando escribió “Past Lives” a partir de una experiencia personal: un amigo de la infancia viajó a Nueva York para remover antiguos recuerdos y emociones que creía enterrados. En una escena en un bar que quedará como una de las más conmovedoras del año que pasó, Nora le dice a Hae Sung: “Esa niña existió”. Ella no está sentada frente a él, pero esa niña existió. El amor es una herida que no cierra. Es la estación a la que nunca vamos a llegar. Pero es esa búsqueda la que termina por definir, también, quiénes somos en este viaje sin retorno al que llamamos vida.

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