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Un paso a la vez

En ese momento, el verdadero silencio se hizo eterno. En el mundo de Acuario, ella no podía dejar de pensar en el futuro, de saber que, si daba un paso en falso, todo lo que construyó se derrumbaría. Miró a su amiga, ¿confiar?

Cecilia Fiestas Urquizo
10 de noviembre de 2025
5 min de lectura
Estaba en su habitación, como siempre pensando. Se estaba volviendo experta en la filosofía estoica. Pensar que nada le altera, sentir que su mundo se cubre de protección, de energía. De pronto, alguien entró. Era su compañera de estudio. Se había conocido con ella hacia apenas unos dos meses. -¿Qué haces, amiga? -Pues, pensando, como siempre. -¿Esta vez sobre qué? ¿De lo mismo? -Pues, obvio. -A veces no te entiendo. A solas, siempre. Deberías salir más. -Salgo con mis pensamientos, amiga. Allí están mis amigos. -¡¿Amigos?!, curiosa palabra. -Justamente la curiosidad me acompaña todos los días. -¿Qué hay de la unidad? Desde que te conozco, habrás hablado con un par de personas. Me incluyo. -Cada quien es como es. -A todo esto, ¿terminaste de leer el libro que te presté? -Sí, me dejó pensando la frase “la lealtad va más allá de la acción”. -Aquí viene mi filósofa consentida. ¿Es por algo en especial? -Nada en particular. -Siempre a la defensiva. Me gustaría saber más de tu vida. -No hay mucho qué decir. -Veo que te gusta mucho leer; lo sé por las cajas que has traído y todas contienen libros. -Hay una máxima que habla de la lectura y de cómo esta nos ayuda en nuestro crecimiento espiritual. -Ya pareces el Dalai Lama. -Me falta mucho para ser santa. No pretenderás que me convierta de la noche a la mañana. -Eso es lo que me gustaría saber. No sales mucho, lees, cantas, y … -Eso es todo, amiga. Escucha el silencio. -¿El silencio? A mí me gusta el ruido, la bulla. Qué aburrido sin ruido. -Pues así pensaba yo, pero el tiempo y la vida se vuelve complicada conforme pasa. -¿Lo dices por algo o alguien en especial? ¡Vamos, cuéntame! En ese momento, el verdadero silencio se hizo eterno. En el mundo de Acuario, ella no podía dejar de pensar en el futuro, de saber que, si daba un paso en falso, todo lo que construyó se derrumbaría. Miró a su amiga, ¿confiar? -Tal vez algún día. -¿Cuándo? -Parafraseando al pintor humanista Miguel Angel Buonarotti, “cuando eso ocurra”. -Me sorprende todo lo que sabes. -“Yo solo sé que no sé nada”, así decía Sócrates. -Siempre tienes una frase para analizar, en verdad te admiro. Nuevamente la mirada, de pies a cabeza y viceversa. Así era ella, sin más que su ingenua curiosidad. ¿Contar todo? -Se agradece. Hoy simplemente pensando en algunas cosas, las cuales debo dejar de lado. -¿Son malas? -En la filosofía estoica, los recuerdos malos son como cargas, y debes liberarte. El pasado no lo puedes cambiar, pero sí puedes proyectar un futuro. -Me encanta escucharte, a pesar de lo rara que pareces. -Lo raro o diferente siempre causa curiosidad; he allí la clave del cambio -Eso me suena a filosofía de Yoda, de Star Wars. -Sí, por cierto otro de mis hobbies. -¡Vaya, parece que me estoy convirtiendo en tu alumna! -Pues, míralo como Pat Morita en “Karate Kid”. -Aja, tú también eres cinéfila. Vaya caja de sorpresas. -Como Pandora. Me gustaría saber más, pero debo irme. -Nos vemos más tarde entonces. Su amiga se levantó de la silla. Se despidió y se retiró. Mientras, Celeste se quedó nuevamente sola. La rutina de tomar limón por las mañanas le animaba. Así como escuchar música le calmaba. Un nuevo vuelo en su vida, como una golondrina, le daba fuerza. Ser una nueva versión de sí misma. Decirse para su interior que todo está bien, que hay energía. Ganas.

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