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Siempre alerta

El horóscopo no es que le importase mucho, pero últimamente había prestado atención: varias moscas revoloteando (mirar para averiguar: muerte), unos pajarillos cantando cerca (piensa en ti y tú en ella), mirar en carteles la sincronía de 11:11 (sorpresa, equilibrio)

Cecilia Fiestas Urquizo
17 de noviembre de 2025
5 min de lectura
Mientras al ansioso caballero esperaba a la bella dama a una cuadra de la plaza, se puso a leer el horóscopo. De pronto en la sección "LIBRA", el comentario decía: "Cuidado con las expectativas". Entonces, agarró el celular, marcó el número y lo bloqueó. Su instinto de conservación primaba, antes que nada. Él practicaba el estoicismo y simplemente mirar el pasado no estaba en sus planes. “¿Por qué seguir con este tema? ¿Acaso soy un cobarde? ¿Qué quiero de todo esto?” Ni él mismo podía definirse. El horóscopo no es que le importase mucho, pero últimamente había prestado atención: varias moscas revoloteando (mirar para averiguar: muerte), unos pajarillos cantando cerca (piensa en ti y tú en ella), mirar en carteles la sincronía de 11:11 (sorpresa, equilibrio). Sin embargo, por alguna razón, este caballero de unos sesenta y tantos años, se volvía paranoico. “He estado tanto tiempo solo, que, si dejo entrar a alguien en mi vida, de seguro volveré a sufrir. No, no voy a ser tan tonto en enamorarme, ya no estoy para el juego del gato y del ratón”. Ni el mismo se creía lo dicho. Mientras, hacia el otro lado de la ciudad, la amiga de cuarenta y tantos años que lo amaba en secreto y que lo padecía también a los cuatro vientos, mira el periódico del día. Hoy el signo de ACUARIO revela su misterio: “Esa persona no te conviene, pierdes el tiempo. Cuidado con el corazón”. Sabe que él le pidió que se encontraran en el parque de la Amistad, en Surco. Ella fue muy valiente en marcarle y responderle, en sostener diálogos coquetos y darle mucha confianza. A las 5: 30 pm. todo sería otra vez realidad infinita sin igual. “¿Por qué entonces me siento intranquila?” Para ella, la tranquilidad era su principal aliento; pero por alguna razón él fue la miel y a la vez la hiel. Lo conoció en un trabajo. Risas, salidas, miradas casuales y mucha emoción. Mas el compromiso, jamás llegó. “¿Será que esta vez otro será el cuento?” La emoción le hizo creer que tocaba el cielo una vez más. Pasaron muchos años antes del reencuentro, ella lo seguía por las redes sociales, se volvió su adicción. Él ignoraba la caza intensa. “¿Me recuerda? ¿Fui importante?” Preguntas sin respuestas, un corazón que latía y sufría a la vez. Recibir mensajes cariñosos por correo electrónico, enviarle mensajes por Messenger y que él le agradeciera su preocupación por su vida, le gustaba. Mas era extraño que él no le dijera frases románticas. “Puede que se haya olvidado cómo escribir”. Eran las primeras señales de su frialdad, pero fue ciega a ello. Él se atrevió una vez más a una cita. No le pareció mal. “De todas formas, me siento un poco con ganas de volver a sentir una nueva piel”. El galán soñaba con esos labios ya robados. Ella soñaba con que la rodeara con sus brazos y le mirara a los ojos. Ambos, estaban heridos. Él por una infidelidad conyugal; ella, porque su galán no mostraba signos de compromiso. Ella lo adoraba, era su mundo. Él la veía como la calma, pero no como el fin del dolor. “Entonces, fiel estoico, no la busques, no le llames. Lo siento, no puedo amar”. Horas después, una plaza hermosa recibía a toda la gente que salía a declararse su amor, por siempre y para siempre a la 5: 30 p.m. Un sol amante, un cielo expectante. El sur no encontró el norte. El galante caballero cortó comunicación. Miró extrañada su celular y el perfil del hombre desapareció. Número bloqueado, sin redes sociales, mutismo total. Ella no sabía por qué. Intentó de todo, no hubo respuesta. Llorar no vale a menos que sea por amor. “¿Será realmente amor? Tal vez sea lo mejor, espero que sea feliz. pues como dice la filosofía del adiós, si no es para ti, déjalo ir”, pensó nuestra amiga resignada. Los meses siguen pasando. El galán sueña con la dama, desea llamarla. No se atreve. Mientras, ella sueña con la verdadera felicidad: autoestima superada.

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