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Según el lince
"Y es por eso que se destruyeron a sí mismos. Al ser demasiados, no tenían territorios claros, se echaban culpa el uno al otro y comenzaron las guerras luego de empezar con la extinción masiva de otros animales. Crearon soles llameantes que fundieron sus refugios y sus senderos, hasta que ocuparon demasiado territorio y comenzaron a pelearse por ver quién se quitaba espacio por un supuesto bien común, cuando había la posibilidad de que otro lo tome..."
Arantza Castañeda
18 de agosto de 2026
9 min de lectura
"¿Qué es esto, mamá?", preguntó un cachorro a su madre mientras buscaban a la manada de corzos.
La madre no volteó, pero emitió un pequeño gruñido y luego dijo:
"Restos humanos, pequeño."
El cachorro de lince boreal saltó sobre esa extraña piedra que sobresalía de la nieve y comenzó a juguetear con él.
"Es una piedra muy rara".
"Es porque es creada por el humano".
"¿Y qué son los humanos?".
La lince se sentó y miró a las faldas de cúmulo de nieve que veía desde arriba.
"Son animales, como nosotros. Según ellos, superiores en inteligencia. Eran bípedos, sin pelo y evolucionaron de una forma distinta a la nuestra y al de los ciervos, conejos y aves".
"¿Y también comían lo mismo que nosotros".
La madre se había preparado para este momento.
"No. Se comían el mundo".
El cachorro se aterró, pero su madre continuó:
"Obtuvieron una inteligencia que los volvió ciegos. Conocieron la jerarquía de una forma parecida a la nuestra, con guerras parecidas a las nuestras, pero con herramientas capaces de matarlos a ellos mismos".
"¿Y lograste ver alguno?".
"Nunca. La última que los vio fue mi tatarabuela. Su madre en su tiempo fue perseguida por su pelaje o para domesticarla, como hicieron con otros animales".
"¿Y por qué hacían eso? ¿Si no se los comían para sobrevivir?".
"Lo que pasa es que el humano comenzó a cazar a pesar de no tener la necesidad. Evolucionó de una forma de matar y no masticar, usar y botar, como dirían ellos. No necesitaban un propósito, solo necesitaban que otro humano quiera lo mismo".
El cachorro comenzó a morder la cola de su madre con nerviosismo.
"¿Y qué pasó con ellos?".
"No aprendieron o se olvidaron de las leyes de la vida. Eso los llevó al caos...".
La lince se echó y comenzó a contar:
"Hace mucho tiempo, en los tiempos de de mi tátarabuela, los humanos estaban en su imperio. Habían conquistado cielo, mar y tierra. Habían devorado pastizales, bosques, tierras y montañas para poder vivir. Como habían tantos, comenzaron a vivir cada vez más cerca a los cielos. Podían tener numerosas camadas sin la necesidad de enseñar a cada cachorro a subsistir por completo. Les enseñaban sus modos de caza e instintivamente aprendían a querer más y más...".
Se detuvo y agachó la cabeza.
"Y es por eso que se destruyeron a sí mismos. Al ser demasiados, no tenían territorios claros, se echaban culpa el uno al otro y comenzaron las guerras luego de empezar con la extinción masiva de otros animales. Crearon soles llameantes que fundieron sus refugios y sus senderos, hasta que ocuparon demasiado territorio y comenzaron a pelearse por ver quién se quitaba espacio por un supuesto bien común, cuando había la posibilidad de que otro lo tome. Se medía fuerza y poder con lo que solo los humanos poseían: arrogancia. Má, tierras, más seguidores, más hembras, más linaje, más división de la especie. Finalmente, los más grandes se apoderaron de los chicos y los soles llamearon por días en el territorio amplio. Solo así se fueron".
El cachorro, sintiendo un terror inmenso, preguntó:
"¿Y por qué no se detuvieron si todos se iban a extinguir?".
"Avaricia. Es otro razgo humano. Hubieron algunos que intentaron hacer el cambio, pero Avaricia estaba reinado sobre los líderes".
"¿Y qué es eso?".
"No lo sé. Nunca podremos saber cómo pensaron. Es un misterio para todos nosotros".
"¿La Avaricia me puede hacer daño, mamá?".
"Nunca la he visto, pero no tendría ninguna duda de lo contrario".
El frío incrementó, por lo que ambos debieron reanudar el paso.
"¿Tú crees que los humanos regresen, mamá?".
Por primera vez, su madre se sintió aterrorizada, pero no lo demostró.
"Quizás quede alguno. Esperemos nunca ver uno".
El cachorro se quedó quieto un rato, parado frente a un monte extraño. Como no habían ido antes por esa ruta, sentía miedo hacia los grandes y deformes montículos de nieve.
"¿Y si ellos realmente existieron, cómo es que todos los territorios volvieron a su forma natural?".
"Porque, hijo mío, el hombre podrá haber retrasado a la naturaleza, pero esta nunca será domada. Siempre se va a recuperar cazando a los que se burlaron de sus colmillos y sus garras", dijo agarrando a su cachorro por el cogote y dejando finalmente atrás al cementerio de casas humanas destruídas y ahogadas por la nieve.
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