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Reencuentro inesperado

Lleva aproximadamente media hora caminando, avanzó bastante y ya se siente agotado. Se sienta en una piedra, observa el paisaje que desde ahí se aprecia, el cielo azul, el verde de la naturaleza, las casas del pueblo, algunas personas caminado y mira fijamente el camino que ya recorrió.

Analí Ruiz
15 de abril de 2026
15 min de lectura
Por segunda vez Dante inició su viaje, está vez decidido a no regresar sin haber llegado a su destino. Con mucha ilusión y a la vez con miedo por lo sucedido meses atrás. Ingresó al terminal, respiró profundo y continuó. Subió al bus, se puso los auriculares intentando relajarse un poco. Al llegar a la primera cuidad el miedo que sintió se multiplicó, recordó que hace unos meses caminado por las mismas calles unos tipos se le acercaron, lo acorralaron y le quitaron todas sus pertenencias dejándolo herido. El dueño de un restaurante que estuvo cerca le auxilió, le ayudó y le dio un espacio para quedarse unos días y poder reponerse. Dante recuerda aquel el suceso como si hubiera sido ayer, camina rápidamente hacia el restaurante donde encontró a don Pedro el mismo que le tendió la mano cuando lo asaltaron. Le hizo llegar un presente don Pedro lo recibió muy agradecido y contento de volver a verlo, Dante aprovechó para desayunar antes de tomar el siguiente bus que le acercaría más a su destino. —Espero que te vaya bien y te encuentres con tu familia —dice don Pedro. —Muchas gracias, espero que así sea Don Pedro ¬—En el rostro de Dante refleja tristeza. —¿Todo está bien muchacho? Dante aclara la garanta. —Tengo un poco de temor, no sé cómo reaccionarán. —Tranquilo hijo, estoy seguro que se alegrarán mucho. —¿Y si no es así? —No piense en lo negativo, solo continúa. Dante asiente mientras se pone de pie. —Bien muchacho, te deseo lo mejor y siempre que estés por aquí no dudes en visitarnos. —Muchas gracias por todo. Se despiden y Dante continua con su viaje. Al llegar a la otra cuidad siente un gran alivio, está a solo media hora del pueblo donde viven sus padres biológicos, sin perder más tiempo toma un taxi que le deja en paradero indicado, se siente muy ansioso contando los minutos para llegar. En el trayecto mira en su móvil las fotos de sus padres y él cuando era bebé. Al llegar a la dirección indicada, empieza a llamar a la puerta, pero no tiene respuesta. Una vecina le observa desde el segundo piso de la casa del costado. Dante le pregunta por Aurora y ella le indica que no se encuentra nadie en casa, que hace algunos días que se fueron y no sabe cuándo regresarán, Dante agradece la amabilidad y se retira. Se dirige a una tienda que vio cerca a la plaza para poder comprar algo de comer. —Disculpe ¿De casualidad, usted conoce a Aurora Vázquez? —pregunta Dante después de realizar sus compras. —Sí Aurora trabajaba aquí, pero tuvo que ir a la altura —responde el hombre detrás del mostrador —¿Usted es familiar? —Dante no sabía que responder, se quedó en silencio por un momento. —Sí soy un familiar y no les pude avisar que vendría —dijo algo nervioso, el señor detrás del mostrador lo miró fijamente—. ¿Qué tan lejos queda el lugar? ¿Regresará ella a trabajar aquí? —Se fueron hace unos días y tengo entendido que su regreso no será pronto, ya que la suegra de Aurora se encuentra delicada de salud y es ella quién la está atendiendo. —Comprendo ¿Y hay forma de comunicarse con ellos? —No joven para ese lugar no llega cobertura. —Entiendo. ¿Cómo puedo llegar? —Para llegar no hay movilidad joven, solo caminando o en caballo. —No hay problema yo puedo ir caminando, practico deporte así que no será tan difícil. —¿Está usted seguro? —pregunta. —Sí, claro que sí. Indíqueme por favor como llegar. —El trayecto es de más de una hora. —No hay problema —responde Dante. —Bueno, le indicaré —dice mientras agarra un marcador y una hoja —Siga solo el camino grande no tome lo pequeños, son atajos difíciles de transitar. —Comprendo —Dante prestaba atención a todas las indicaciones. —Por último y no menos importante, te sugiero ir con ropa cómoda, botas y paraguas en caso llueva. Puedes encontrar lo que necesites en la tienda de al frente. —Lo haré. Muchas gracias, es muy amable usted. —Ve con cuidado, este es mi número por si acaso, me puedes llamar, hasta un cierto punto llega la señal —le entrega un papel con el número. —Gracias nuevamente —Al despedirse se dirige de inmediato la tienda y compra lo que le falta. Antes de iniciar su camino, Dante llama a su tía Ester para comentarle. —¡Hijo tú estás loco! —exclama su tía al otro lado de la línea— No puedes ir solo, no conoces. —Varias veces he acampado en distintos lugares, he realizado caminatas largas y tengo todo lo necesario en la mochila, no hay de que preocuparse. —Pero esta vez es diferente. —Tranquila tía. —Me dejas muy preocupada de verdad, podrías mejor esperar. —Tía… —Sé que no me harás caso, siempre haces lo que quieres. —Quise avisarte porque estaré sin cobertura. —¿Eres consciente de la situación? —pregunta ella. —No es tan complicado llegar, solo tengo que seguir el camino y me han indicado. Todo estará bien, tranquila. —Dios te guarde hijo, ve con cuidado y apenas puedas comunícate conmigo. —Lo haré, cuenta con eso. Te quiero. Tras colgar la llamada telefónica Dante inicia su trayecto, avanza despacio no quiere agotarse pronto, sabe que el camino es largo. Tal como indicó el señor de la tienda el trayecto es subida y recién está iniciando el ascenso, sigue avanzando mientras le da un sorbo a su botella de agua. Se detiene luego de varios minutos, deja su mochica en el suelo y observa lo que ha avanzado. De pronto, antes de que pueda tomar su mochila, esta cae y se queda sostenida por las ramas de un árbol que se encuentra metros abajo. Dante baja a toda prisa toma su mochila y vuelve a recorrer el camino. Lleva aproximadamente media hora caminando, avanzó bastante y ya se siente agotado. Se sienta en una piedra, observa el paisaje que desde ahí se aprecia, el cielo azul, el verde de la naturaleza, las casas del pueblo, algunas personas caminado y mira fijamente el camino que ya recorrió. Hace unas fotos y selfis con su celular, bebe más agua y se limpia el sudor con una toalla. Inhala y exhala tres veces seguidas, se levanta y continua. Su mochila se siente más pesada de lo normal, sus pasos se vuelven cada vez más lentos, mira la hoja con las indicaciones y va por la mitad de camino, las nubes grises empiezan a cubrir el cielo azul, sigue avanzando antes que empiece a llover. Después de unos minutos gotas de lluvia empiezan a caer, saca el paraguas y se cambia las zapatillas por las botas. El camino se vuelve cada vez más resbaloso por la lluvia, pero no se detiene. Se tropieza con algo y en tan solo segundos se encuentra en el suelo, siente un intenso dolor en la rodilla derecha, se sienta a un lado donde hay pasto. Con una mano sostiene el paraguas y con la otra se sube el pantalón para ver su rodilla, se encuentra con sangre y una herida. Saca de su mochila alcohol y algodón, se limpia la herida, aunque no está grande siente que le duele mucho, se levanta y camina hacia una casa que ve metros más adelante. Al llegar nota que las paredes se están partiendo, la puerta y ventana deterioradas, cree que es una casa no habitada. Se sienta al costado de la puerta, se queda ahí descansando un poco aprovechando que el techo permite no mojarse. Saca un cambio de ropa de su mochila, se pone también un abrigo más grueso. La lluvia sigue, el frío se pone más intenso. Agarra el paraguas y se dispone a buscar leña, todo está mojado, recoge todo lo que puede y lo lleva a donde no llega la lluvia, los apoya de forma vertical en la pared esperando sequen un poco. Recuerda que en su mochila trae un cuaderno lo busca y arranca las hojas en blanco, las acomoda con la leña para prender una fogata, aunque tardó un poco logró encender. Calienta sus manos sobre el fuego, y busca más leña para que la fogata no se le apague. Pasaron varias horas y la lluvia sigue, le da un poco de miedo, pero al parecer pasará la noche ahí. Siente su cuerpo cansado y adolorido, pero sabe que avanzó y mañana continuará cuesta arriba. Mirando al fuego recuerda aquel día en que su madre le dejó con su tía, él apenas era un niño. Creció con mucho resentimiento, sintiendo que lo abandonaron. En los eventos de la escuela, en sus cumpleaños y cuando estaba enfermo él deseaba ver a sus padres, pero siempre estuvo rodeado de mucho silencio y soledad. Cuando tenía quince años su mamá lo buscó, a pedirle perdón, a querer recuperar a su hijo y llevarlo con ella al pueblo. Su madre se resignó después de tanto insistir y solo recibir desprecio por parte de él. Durante mucho tiempo Dante ignoró lo que su corazón le pedía, hasta que ya no pudo más y decidió ir en busca de sus padres. Despierta con los rayos del sol en la cara, la fogata se había apagado y la lluvia había cesado, alista rápidamente todo para continuar la subida, seguro de que no le falta mucho para llegar, la rodilla le duele un poco, pero le permite caminar, lo que si siente pesada es la mochila, parece que llevara piedras, pero continúa, tomando pequeños descansos cada cierto tramo. Respira aliviado al ver a lo lejos la casa de color celeste y puertas negras, la cual sería la casa de sus abuelos, según le indicó el señor de la tienda. Los nervios le invaden todo su ser, pero ya está a pocos pasos. Al llegar ve la puerta entreabierta, toca y escucha unos pasos acercarse, la puerta se abre y ve a su mamá quien la mira sorprendida. —¡Mamá! —Dante abre sus brazos para abrazarla. —¡Dante! —Aurora se lanza a sus brazos y llora— ¡Hijo! ¿Cómo hiciste para llegar hasta aquí? —le pregunta. —El señor de la tienda me indicó donde estaban. Perdóname, te trate horrible hace unos años. Perdóname mamá —La abraza fuerte. —Soy yo la que tiene que pedir perdón —Con lágrimas en los ojos—. No puedo creer que estés aquí, pasa hijo, pasa. Dante ingresa. —¿Estás cojeando? ¿Te pasó algo? —Tranquila, solo un pequeño golpe en la rodilla. Aurora ve la herida y le dice que le curará, le indica que tome asiento. Dante se queda observándola, puede notar el cansancio en su rostro y su cabello es más blanco que la última vez que la vio. Se hace un silencio mientras ella cura la herida. —¿Mi papá? ¿Dónde está? —El está cerca de aquí, trabajando, vendrá a medio día para el almuerzo, tu abuelo también ha ido con él. Los verás en unas horas hijo. Dante conoce a su abuela paterna, quién se encuentra postrada en cama, debido a su enfermedad. También conoce a su hermanita menor, quien lleva a todos lados una muñeca. Junto a su mamá y su hermanita terminaron de preparar el almuerzo. De pronto, escucha unos silbidos que se aproximan, es su padre quien ingresa a cocina, sorprendido de ver a su hijo. —¡Papá! —¿Qué haces tú aquí? —Eduardo por favor —dice Aurora. Dante se queda en silencio. —¿No fue demasiado la forma en la que te faltó el respeto cuando fuiste a buscarlo? —Todos se quedan en silencio. Incluso su abuelo que acaba de ingresar. —No seas duro, es nuestra culpa. —Vengo a pedirles disculpas, papá. —¿Y tuviste que esperar tanto tiempo? Vuelve el silencio. Dante sale de la cocina y se dirige al patio de la casa, se sienta en una de las banquitas de madera y piensa —¡Quizá no debí venir! Quizá ya sea tarde para recuperar aquel amor que tanta falta me hizo, y aunque ahora soy un adulto, me siento como un niño chiquito— Siente una mano sobre su hombro. —Hijo, dales tiempo, sé que no es fácil, para nadie lo es. Hay muchas cosas por sanar —Su abuelo le da un abrazo. Dante lo abraza con fuerza, contiene las lágrimas y se queda en silencio deseando que aquel abrazo fuese eterno.

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