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¿Quién mueve los hilos?

En un mundo donde los maestros son solo una extensión de la inteligencia artificial, cada año se realiza una búsqueda de elegidos. Diana es la nueva seleccionada. ¿Podrá preservar la paz o descubrirá que todo es solo una ilusión? Quizás solo está atrapada en un círculo interminable de misiones que solo harán que se sienta miserable.

Majo Enciso
30 de enero de 2026
11 min de lectura
El tic-tac del reloj y las gotas que resonaban al caer sobre aquel bloque llamado "vocación" llenaban el ambiente. Allí se encontraba Diana, escribiendo su último reporte, el cual definiría su ascenso… o despido inmediato. Sus notas no eran para todo público, sino para aquellos que realmente se comprometían con descubrir la verdad detrás de los gobiernos, como Estados Unidos o Japón. Una tarea que la mayoría de los medios evitaba, incluso en el mismo lugar donde ella trabajaba. —¡Ya te dije que esto es basura! —exclamó la jefa, fulminando con la mirada el manuscrito de Diana—. Deberías aprender de Johan; esta nota sí va a interesarle a los chicos. No esas tontas teorías. No llegaste ni a cincuenta lectores... Será mejor que te lleves tus cosas. Con la cabeza agachada, Diana tomó lo poco que atesoraba, como si esos objetos fueran lo único que la mantenía en pie. Y no era para menos. Estaba completamente sola: sin padres, sin familia, sin amigos. Aun así, se dijo a sí misma con voz baja, intentando animarse: —Pero… llegué hasta aquí. De su infancia solo recordaba un peluche, su único amigo: “Mani”. Para ella, Mani era como el padre que nunca tuvo. Alguien que la cuidaba, que la protegía. Añoraba ese sentir... pero la vida se lo había arrebatado sin piedad. Vagaba por las calles, buscando algún pequeño lugar donde dormir. Ya no podía permitirse seguir viviendo en su departamento; la renta era muy cara, y ahora estaba desempleada. Miró su celular como si eso pudiera mejorar su día. Pasó entre videos de Tik Tok, reels sin sentido… hasta que apareció una notificación: "Fuiste seleccionada – Lily". La borró sin darle importancia, quedándose dormida poco tiempo después. Pero al despertar, se encontró desorientada. Todo a su alrededor era distinto. Las paredes eran blancas, de material noble, y múltiples computadoras la rodeaban. Entre ellas, emergió la figura de una mujer. Alta, elegante, de hablar firme y pulcro. Si pudiera volver a nacer, Diana pensó que le gustaría ser como ella. La observó de pies a cabeza, buscando algún rasgo que la hiciera especial... hasta que la mujer tocó su mejilla y sonrió, lo cual la puso en alerta. — Dulce Diana. Ahora te preguntarás qué es este lugar… o quién soy yo. Pero eso no tiene relevancia —dijo la mujer con voz serena — Yo quiero que tú seas la heroína que tanto necesitamos. — ¿Necesitamos…? — balbuceó Diana, aún confundida. — Estás desempleada y sin un hogar al cual volver, ¿verdad? — insistió la mujer. — ¿Y tú cómo sabes eso? ¡Sácame de aquí o gritaré! ¡Voy a llamar a la policía! —replicó Diana, dando un paso atrás. Lily simplemente se río, aún más interesada en el próximo movimiento de Diana. Entonces sacó un pequeño USB, lo insertó en una consola, y ante Diana se proyectaron imágenes desgarradoras: la muerte de sus padres, la traición de quien decía ser su familia, la humillación por ser pobre, las noches interminables de llanto, odio y soledad. El abuso de sus exparejas. Una tras otra, las escenas eran como cuchillas que le arrancaban el aliento. — ¡Para, por favor! —gritó Diana, cubriéndose los oídos. Pero Lily aumentó el volumen. Diana, entre lágrimas y rabia, rompió la pantalla de un golpe. Corrió hacia ella lanzando puñetazos, pero Lily esquivó con calma. En lugar de golpearla… la abrazó. — Shh, tranquila. Conmigo no estarás sola. Necesitaba que vieras eso para que entiendas que conozco todo de ti. Y es precisamente por eso… que quiero darte esta oportunidad. Aquí, finalmente, recibirás el reconocimiento que mereces —susurró Lily, manteniéndola entre sus brazos. Diana abrió los ojos en aquella sala blanca, con el eco de los recuerdos dolorosos aun latiendo en su pecho. Lily seguía abrazándola, pero su perfume a jazmín ahora olía a trampa. — ¿Heroína? Yo solo soy una periodista fracasada — masculló Diana, liberándose del abrazo. Lily señaló las pantallas que reemplazaron la que Diana destrozó. Mostraban portadas de The Guardian y The New York Times con artículos firmados por Diana Morales: "Exclusivo: Corrupción en fondos de refugiados", "La red de tráfico de órganos en embajadas". — Tus investigaciones eran brillantes... pero demasiado incómodas. La Entidad al sí valora la verdad. Infiltrarla donde importa: en las entrañas del poder — afirmó Lily. Le mostró a Mani, intacto sobre una mesa de cristal. — Tu familia está muerta, Diana. Pero aquí construirás algo nuevo. Salvarás a quienes no tienen voz — dijo Lily. Diana tocó el peluche. El recuerdo de las noches abrazándolo para ahuyentar el miedo, selló su decisión.

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