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Primer párrafo
Recordaba su niñez y adolescencia sin los aparatos actuales, con escritos accesibles para consultar sin necesidad de prender una máquina. Aquellas líneas sin ninguna pretensión literaria aún le conmovían: poemas a una idealizada chibola, sinopsis de capítulos de Robotech, comentarios de películas de madrugada, feroces autocríticas por situaciones adversas muy personales, como un diario.
Marco Hidalgo
03 de marzo de 2026
5 min de lectura
—No me sale— lanzaba al aire su frustración. Esta vez escribía en un cuaderno de anotaciones diversas recostado en su cama. Se preguntaba si sus inspiraciones debían nacer de una situación en particular, un clima especial. —Música, podría ser—, pensó. Pero cuál.
Cogió su celular, puso música instrumental en YouTube y eligió al azar.
Volvía a escribir y a tachar. Tenía en mente como tema su infancia en el norte del país con su especial lenguaje regional y curiosos modismos. —¿A quién podría interesar? Bueno, a mis amigos. A mí también, claro—.
Eligió el cuaderno de hojas cuadriculadas para su ejercicio literario, a modo de giro a su absorbente rutina diaria de teclear frente a una pantalla.
—Vamos—, comentaba, Gabo escribió La Hojarasca ejercitando sus falanges, la misma comodidad sintieron Capote y Nabokov, uno con lápiz, otro con lapicero para plasmar las pinturas de su voz.
Recordaba su niñez y adolescencia sin los aparatos actuales, con escritos accesibles para consultar sin necesidad de prender una máquina. Aquellas líneas sin ninguna pretensión literaria aún le conmovían: poemas a una idealizada chibola, sinopsis de capítulos de Robotech, comentarios de películas de madrugada, feroces autocríticas por situaciones adversas muy personales, como un diario.
Borroneaba la palabra o palabras sin remordimiento. La música ocupó su lugar y aligeraba sus trances de duda.
—Esta escena podría servir—, se decía. Avanzaba con más tachas sobre las letras de médico para no dejar pasar las ideas que darían forma a su primer párrafo. No se convencía, pero le daba merito a su estética y ritmo, de acuerdo con su criterio.
Tres horas y apenas cuatro líneas.
—Me voy a jatear, que repose un poco. Ojalá me guste mañana.
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