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Pensamientos

No creo que “el arte de amar” sea lo apropiado, pero como que me estoy curando de esa herida y ya no quiero sufrir más. Lo veo, guardo su foto, algo de su aroma en un frasco, cartas, correos electrónicos, y siempre mi memoria, la que recuerda que una fecha tal lo vi, otra fecha me dejó, y así sucesivamente.

Cecilia Fiestas Urquizo
10 de diciembre de 2025
12 min de lectura
Pienso en ti, cada vez que recuerdo algo, sea un sonido, un ave que llega a la ventana y tiene cara de tu cara. Me dicen que debo olvidarte, tú dime cómo. Suena a música noventera, de esas en que yo era más feliz. Si como dicen la época de la pandemia dejó un antes y un después, conocerte fue lo mismo. Ya parezco disco rayado; creo que debería titularme en “amores frustrados infinitos”. Pienso, y luego existo. No soy filosofa, pero lo parezco cada día más. En clase, sonriente, atenta y hasta un poco neurótica con los alumnos, los tristes y adorables chicos de secundaria. Que sí, que tu padre te quiere; que no, que no debes estar hablando con extraños. Que, si la famosa IA te volverá menos crítico, eso ya ni te importa porque al parecer prefieres dormir que leer. Y a todo esto, qué joven quiere leer, mejor le pido permiso a la biblioteca de Google. Ojalá pudiera encontrar el significado de paz y hermandad. De niña mis padres y yo siempre juntos. O por lo menos nos veíamos juntos. Ninguno de ellos, supo que tenía dolores del alma; siempre llorando, siempre con ganas de irme de la casa. Papá con gestos de estar molesto, mamá con cara de querer llorar y aguantarse muchas veces. Y yo, preguntándome ¿eran felices? Ni mis hermanos han padecido tanto como yo; a mí me decían la “rara” o “la traumada”; suena ofensivo ahora, pero, nunca pude gritarles. ¿No llorar? ¡Claro, mamá; no debo decir nada! Año de sabiduría tras los ojos de lentes aumentados, o sea, mis lentes a lo Clark Kent. Pero son siempre mi marca, esa que, como Betty, la fea; me ayudaron a superarme. Y veo que algunos chicos de los salones a los que enseño, también se sienten ofuscados por los lentes. Solamente les digo “No te preocupes, eres inteligente y nadie lo nota”. A lo mejor funciona. Canto, hago teatro, la chistosa, al menos me ven. ¡Quien diría que en casa sea lo opuesto! Supongo que el tener muchas horas de lectura y solo enfocarme en ver y escuchar, me han hecho más sensible. Los estoicos me ayudan, gran favor la de Epícteto. Aunque si lo veo bien, creo que me ayudó el conocer a Merlí, el profe de filosofía. Ese tío rayado decía mucha verdad. Y de hecho las estrategias lectoras en un siglo XXI donde solo cuenta los likes o los emoticones, como que me dan más ganas de aprender y quizá utilizar. Pero al menos leo. ¿Para el amor? No creo que “el arte de amar” sea lo apropiado, pero como que me estoy curando de esa herida y ya no quiero sufrir más. Lo veo, guardo su foto, algo de su aroma en un frasco, cartas, correos electrónicos, y siempre mi memoria, la que recuerda que una fecha tal lo vi, otra fecha me dejó, y así sucesivamente. Vórtice de la pasión. Para ello, los libros de romance me ayudan. Es mejor dejarlo ir y no pensar torpemente en princesas que besan a los sapos y estos se convierten en príncipes. Ya besé a uno y se olvidó de mí. Triste noticia. Pero qué hago si el amor o desamor es mi fuente de inspiración. He tenido muchos problemas, unos más que otros. De ellos no hablaré, aunque me pica la lengua por decirlo. Y es que a quién no le gusta el chisme, el raje, el morbo. Pero eso se lo dejo a Magaly Medina. Una capa a pesar de lo que digan. Yo solo soy Celeste, y antes según mi historia de vidas pasadas una filosofa, una anciana muy educada, un pescador chino, una adivina. De hecho, creo que fui una escritora del siglo XIX, pues me gusta leer sobre historia de la independencia, mirar el Centro de Lima con sus calles añoradas y balcones grandes. La etapa del Romanticismo es la que mejor me gusta hablar. Puede que mi otra yo, sufrió por amor y ahora tengo la misión de rescatarla. Todo ello me gusta porque deseo saber sobre Acuario y sus regentes. ¿Acaso eso es antiguo? Me gusta saber y punto. Lo otro es saber qué hay más allá de la muerte, y si tendré una segunda oportunidad como en “Cien años de soledad”. Novelón de todos los tiempos. Te preguntarás si tengo amigos, ni sí ni no. Ya parezco Chespirito. Otro genio. En verdad si yo voy alguna vez al Cielo, allí conversaré con Gabriel García Marques, con Cantinflas, con Homero, y quizá con MVLL. De hecho, veré a mis tíos y primos. Pero más que nada a mi papá. Quizá ahora ya esté junto a Niño Jesús, y pronto celebre con los abuelos. Mis tías le estarán dando de comer, y papá se estará yendo a pasear en bote con mis tíos, buscando nuevos peces para vender y regalar a los niños pobres. Pienso en cada uno de los momentos más lindos de mi vida, y también de los feos, cada uno ha hecho de mí una Celeste cauta, culta, achorada, muy feeling, pero también muy picante, preguntona, que oculta cosas, que quiere decir muchas; pero que debe obviar todos o nada. Así es Celeste, la que piensa y siente y mira y calla y otra vez sonríe y llora y sufre y dice no más; la que cae bien, mal, indiferente, antipática, no sé. Todo depende del cristal con que la miren. Y por cierto ya estoy cerca de la puerta del colegio y debo sonreír una vez más. Hola chicos, cómo están, yo bien. Miss hice mi tarea, con ayuda o con IA, jajaja, qué chistosa, miss. ¿Hoy vendrá el payasito Plin Plin? A lo mejor, por eso pórtense bien. Largo día, Celeste, mereces descansar, eres una gran promesa de la escritura, y de ti depende que esta vez alguien no te ignore. Como mi profesor Rubén Lay (debo reconocerlo me inspiró mucho en mi secundaria), que contaba las historias a su estilo, y le daba énfasis en los personajes y yo queriendo saber más. Por eso, lean chicos. Y cada vez que escuches a nuevas voces, piensa en que detrás de ellas, hay una historia. ¡Claro, miss Celeste, ya lo sabemos! ¡No se preocupe! ¡Chau, chicos, debo descansar, corregir exámenes, preparar clases, escuchar a padres por WhatsApp y soportar la vorágine de la vida kafkiana! ¿Y qué es eso, miss? Te lo cuento en el siguiente capítulo, si Dios me lo permite.

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