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Monstruos y pesadillas

Lo miraba con incredulidad, y le extendía el brazo con el dedo señalando al closet, él se acercaba tranquilo, lo abría, veía dentro y volteaba a decirme. “Aqui no hay nada, así que mejor te vas a dormir de una vez”.

Ricardo Flores
10 de marzo de 2026
9 min de lectura
De pequeño la misma pesadilla circundaba mis sueños: Los monstruos invadían mi habitación, redondas criaturas con tenazas en vez de manos, se escondían en el closet, debajo de la cama, detrás de la puerta, acechantes. Esperan a que me duerma para aplastarme, desintegrarme contra la almohada. Desesperado, pataleo por mi vida, sin mucho éxito, hasta que abría los ojos y una inesperada ráfaga de vacío me succionaba con fuerza, espachurrándome contra el colchón. Finalmente, un grito ahogado salía de la profundidad de mi garganta, “papá”. Mi frente despertaba cómo un parabrisas mojado. Me incorporaba de un salto, lanzaba un aullido espeluznante y corría en dirección de la habitación de mis padres, tenía que cruzar el pasadizo oscuro que me conducía a su habitación, pero la sola idea de cruzar solo, en la penumbra, donde se escondía el horror mismo de todas mis pesadillas me producía más pavor. Pero quedarme en mi habitación no era una opción, la única alternativa era correr, correr a pesar de mí mismo y mis miedos porque al final del pasadizo sabía que estaba la seguridad. Llegaba temblando, pálido como la neblina de julio. Papá me esperaba de cuclillas bajo el marco de la puerta. Encendía la luz del pasadizo para mitigar mi pánico, conocía muy bien mi temor a la oscuridad, por lo general papá apagaba la luz luego de que me quedaba dormido, de niño solo me dormía con la luz prendida bastaban solo unos minutos y me quedaba seco, pero sin luz todos mis temores se aparecían en formas redondas con cachos de colores. Papá se había levantado ni bien escuchó mi grito ahogado, tenía oído de tísico, no dormía nunca, solo cerraba los ojos y resoplaba, tenía el sentido del peligro ultra, ultra desarrollado. “¿Qué pasó Gordito, volvieron los monstruos?”. Le contestaba moviendo mi cabeza de arriba abajo. “A por ellos, acabemos con las bestias.” Me levantaba y me daba un abrazo de oso, un abrazo poderoso que hacía que el miedo desapareciera instantáneamente. Papá era el más fuerte del mundo, capaz de derrotar a cualquier bestia de otro planeta enquistada en mi habitación. Entrábamos a mi habitación en sus brazos. Prendia la luz y me depositaba encima de la cama. Yo le señalaba debajo de la cama y poniéndome el dedo índice izquierdo sobre la boca susurraba: “Está debajo de la cama, no hagas bulla que sale”. Lo miraba con incredulidad, y le extendía el brazo con el dedo señalando al closet, él se acercaba tranquilo, lo abría, veía dentro y volteaba a decirme. “Aqui no hay nada, así que mejor te vas a dormir de una vez”. —¿Te puedes quedar conmigo? —le preguntaba. Me miraba a los ojos, con esos ojos negros pequeños que me brindaban tanta seguridad. Se tumbaba en mi cama yo me subía encima de su pecho y el acariciaba mi cabeza hasta que me quedaba dormido en su pecho, tenía el cuidado de dejarme dormir un rato y luego dejarme en mi cama arropado. Hasta ahora cuando tengo que enfrentar cualquier situación que me atemoriza o paraliza, como empezar un nuevo proyecto, evoco el instante preciso en que su mano se posa sobre mi cabeza y el miedo y la parálisis desaparecen. ***** Ahí va Papá transformado en estrella de mar en corriente en marea en lenguado en bufeo o en ballena Aparece de cualquier manera me acaricias con tu mano gigante protegiéndome de mis pesadillas Revisas bajo mi cama “No hay monstruo” susurras a mi oído y tu mano segura mitiga los latidos de mi corazón asustadizo. ¿Porque me gusta el mar? porque me encuentro con mis muertos Ahí está papá, rociamos sus cenizas. Nado en el mar para sentirme seguro. para escucharlo en mi cabeza. “Calma paciencia y buen humor, Flaco” “Buenos días Gordito” “Camarón que se duerme amanece en el chifa” “Bueno, bueno le dijo la mula al freno…” para conectar para discutir para pelearme contigo le grito al mar como tú y yo sabemos y el mar responde con su espuma.

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