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Máscaras
Este tiempo lejos de la escritura me permitió conocer lugares increíbles, tener un estilo de vida holgado y entender algo importante: quizás yo no era de poesía ni de realismo sucio. Quizás yo soy de esto.
Adriana Ilasaca
21 de enero de 2026
9 min de lectura
Soy una escritora que no escribe. Quiero decir… toda la vida he sabido que quiero ser escritora, pero no escribo nada más que mensajes a mis clientes. Me pregunto constantemente si soy un fracaso, si mi existencia ha quedado relegada a lo que quiere el capitalismo, o si aún hay algo en mí que quiera dedicarse a ser artista.
También soy actriz de teatro, y creo que ese rol lo desempeño bastante bien, porque todo el tiempo actúo como si solo fuera dueña de un negocio, cuando mi corazón se levanta todos los días gritando: ¡Tienes que escribir algo más allá de un “¡Gracias por su preferencia!”.
Quizás ser artista no solo implica crear arte; tal vez es algo que se lleva en el alma, un impulso constante que se va apagando con el quehacer diario, creo que así decía Vargas Llosa. Puede que, en una sociedad como la nuestra —donde se valora tanto la producción—, haya poco espacio para los sentimientos. Y eso hace que sea ultra productiva en el mundo empresarial y, al mismo tiempo, una procrastinadora profesional en lo que realmente me apasiona.
Quizás me leíste alguna vez. Cuando tenía 19 años decidí darle rienda suelta a mi pasión por la literatura y me encontré con dos realidades bastante crudas:
Primero: escribir duele. Al menos cuando escribes realismo sucio o poesía. Escribir puede ser doloroso, un poco masoquista, incluso.
Segundo: si haces esto por amor al arte y quieres que tu trabajo sea conocido, necesitas invertir para que este “negocio” crezca. Yo no tenía dinero… jeje.
Casi no lo digo, pero dejé de escribir porque quería ser feliz, aunque eso significara abandonar algo que amaba. ¿Por qué? Porque sentía tanto lo que escribía que siempre terminaba llorando, y después me quedaba sin energía para vivir.
Ser hija de una familia acomodada también influyó. Tenía un estilo de vida maravilloso y, cuando decidí dedicarme al arte, todo eso se terminó. Tal vez no fui lo suficientemente inteligente para mantener el equilibrio. Quizás la estrategia de generar dinero y luego dedicarme al arte no funcionó porque, en el camino, perdí la inspiración. O simplemente esto no es para mí… pero como soy terca, aquí me ves retomando.
Este tiempo lejos de la escritura me permitió conocer lugares increíbles, tener un estilo de vida holgado y entender algo importante: quizás yo no era de poesía ni de realismo sucio. Quizás yo soy de esto. No tengo idea de cómo se llama este género literario, así que le diremos adri-reflexiones, específicamente: “Reflexiones de Adriana y su pasión brutalmente frenada por la literatura”.
Por lo pronto, estoy feliz. Llevo meses hablando con Chat GPT sobre mi sueño de escribir, y este es el primer texto largo que escribo sola, sin ayuda de la IA. Obviamente se lo mandaré para saber qué opina… ya saben, por si acaso.
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