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La noche del día

Los vicios entran como oasis en desierto o como alivio entre sufrimiento, cuando son realmente el inicio de una abyecta vorágine de degradación con difícil escapatoria.

Luis Fernando Pachacama
30 de abril de 2026
5 min de lectura
Hay momentos en la vida cuando la oscuridad se apodera de tus entrañas y el azabache te arrebata el candor de tu visión. Ciertamente, una visión que parecía esperanzadora y gozosa se vuelve petulante y esquiva. Los vicios entran como oasis en desierto o como alivio entre sufrimiento, cuando son realmente el inicio de una abyecta vorágine de degradación con difícil escapatoria. Sin embargo, hay elementos mucho peores… cuando pierdes la rectitud y la moral. A partir de ese momento, por más que existan días, te volviste sombra; tu candor se tergiversó en malicia e hipocresía; tu claridad se tornó en turbidez; convertiste lo malo en bueno y lo bueno en poco deseable; prevalece lo conveniente a lo correcto; los frenos morales se corroen; y tu sentido de transcendencia muta en automatismo sobreviviente. Un automatismo sobreviviente diabólico y parásito que busca perpetuar la existencia del degenerado a costa de la luz de otros: la noche por la noche misma no prospera, requiere del día para existir. Simple matemática, negativo con negativo sale positivo; para que el resultado persista en la negatividad urge un positivo como su multiplicador. Así que, ten mucho cuidado, cuando percibas una celada como una acción conveniente y buena, puede ser que la negrura esté intentando comenzar en ti su “formación”.

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