Volver al blogTallerista - Grupo online
La mujer que parió libros
El sueño de publicar libros la motivó a seguir escribiendo y a asistir a diferentes encuentros donde aprendió a hacer sus propias pócimas para encaminar su inquieta imaginación.
Roxana Hoces Montes
28 de octubre de 2025
3 min de lectura
Mientras los primeros rayos del sol acariciaban suavemente la mañana, Noelia le compartió a su marido un sueño extraño: en lugar de dar a luz bebés, había parido varios libros. Él le sonrió con ternura y le dijo que esa era una señal para seguir escribiendo cuentos y poemas; que en el futuro, podría publicarlos.
Desde que tuvo ese sueño, los recuerdos primaverales aparecieron con más nitidez. Cuando era niña, leer era su refugio. Abrir los libros casi nuevos que su madrina le había regalado la llevaba a un mundo lleno de alegría, con alfombras voladoras y calabazas que se convertían en carrozas elegantes. En ese momento, pensó por primera vez en escribir sus propios cuentos.
Años después, en la escuela, la profesora de literatura, Clementina, se convirtió en su hada madrina. Con su dulzura y entusiasmo, motivaba a Noelia a leer en voz alta, a mirar más allá de las palabras de distintos autores y a soñar con otros universos. Gracias a ella, Noelia tomó la decisión de seguir esa misma pasión, con la esperanza de compartir con el mundo lo que la literatura le había regalado.
Aunque su camino fue difícil y tuvo que dejar de lado los cuentos un tiempo. La vida le presentó nuevas oportunidades. Primero, laboró como maestra de niños, y luego, sus propios hijos la llevaron de nuevo a sus historias fantásticas. Cada noche, abría su cofre de relatos porque sus hijos le pedían cuentos mágicos y divertidos.
Con el tiempo, Noelia se dio cuenta de que tenía varios cuadernos con historias que había escrito. Sin embargo, la necesidad de perfeccionarlas le preocupaba, y además, escuchaba voces que le decían: "¡Escribir no es lo tuyo!", "¡Estás perdiendo el tiempo con eso!", "¡No te harás rica escribiendo!", etc.
Esas voces molestas no desaparecían, sin importar cuánto ella intentara taparse los oídos. Hasta que, un día, ya no pudo soportarlo más y las ahuyentó gritándoles palabrotas. Más tranquila, repetía el mantra "ommm…" y se susurraba a sí misma que solo necesitaba sentarse a corregir, corregir y corregir. A ella le agradaba que todo lo que creaba saliera divinamente.
El sueño de publicar libros la motivó a seguir escribiendo y a asistir a diferentes encuentros donde aprendió a hacer sus propias pócimas para encaminar su inquieta imaginación.
Una tarde, logró reunir varios relatos y con valentía decidió enviar sus escritos a la "máquina cibermágica". Gracias a ello, algunas de sus obras llegaron al corazón de adultos y niños, quienes devolvieron comentarios de agradecimiento.
En una noche invernal, cuando la luna se bañó de chocolate, Noelia se sentó a leer algunos de sus cuentos y poemas publicados y se sonrojó al verse reflejada en los personajes. Esa lluviosa revelación, la inspiró a escuchar más a su princesa interior, quien la animaba a seguir creando y expandiendo su magia por todo el planeta.
¿Te gustó este artículo?
Compártelo con otros escritores que puedan encontrarlo útil