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Igual me gustaría
Ay, madre, ¿por qué tengo que creer en lo mismo que tú para que seas feliz? Sé feliz con lo que crees y déjame a mí serlo con lo que creo. Además, mamá, ¿quién tiene la verdad? ¿Cuántas religiones existen? ¿Cuál es la verdadera?
Ricardo Flores
11 de mayo de 2026
8 min de lectura
Día de la Madre, ochenta y ocho. Un beso, una cajita de maná y una barra grande de chocolate con leche al sentarse a la mesa.
—Feliz día, Gordita.
El desayuno fue una bola de manchego que mi hermana me pidió comprar de regalo del Día de la Madre, pan pizza y jamón artesanal. Café recién pasado. La sonrisa de Charo, agradecida.
—Vamos a misa.
—No jodas, mamá; pídeme lo que quieras, pero no me hagas sufrir en una iglesia aburrida. No te pases.
—Ay, ¿qué voy a hacer contigo, hijo? ¿Cómo no puedes creer en Dios?
—Mamá, ¿qué te complica tanto?
—Que no creas en Dios.
—Pero yo estoy feliz; no necesito creer en Dios ni estar de acuerdo contigo para serlo.
—¿Pero qué va a pasar cuando te mueras? No vas a ir al reino.
—No creo en la vida después de la vida; es pura arrogancia humana eso de trascender más allá de lo posible.
—Hay, hijo, ¿cómo hablas así?
—Ay, madre, ¿por qué tengo que creer en lo mismo que tú para que seas feliz? Sé feliz con lo que crees y déjame a mí serlo con lo que creo. Además, mamá, ¿quién tiene la verdad? ¿Cuántas religiones existen? ¿Cuál es la verdadera? Tú quieres creer en el Dios católico y está bien, tienes derecho a creer en lo que quieras. Hay gente que cree en el tarot y también es católica, y además cree en la transmigración de las almas, como Lucy, tu amiga que lee las cartas y es ultracatólica. O como mi papá, que acumulaba credos uno encima del otro y creía en un sincretismo muy propio que incluía morir y reencarnarse en otra vida. Si creemos en lo que mi papi decía, él y tú se podrían reencontrar aquí, en esta vida, otra vez, y sería hermoso, ¿no?
—A tu papi lo voy a ver en el reino.
—Ay, mamá, ¿para qué vas a esperarlo allá si él creía que se podían volver a encontrar acá?
—Hay, loco.
—¿Entiendes lo que te quiero decir, mami? Qué más da en qué crea cada uno. Jhonatan no cree en la Virgen porque es protestante, y no por eso va a dejar de ser tu yerno, ni tú lo vas a dejar de querer, ni va a dejar de entrar al reino de los cielos protestante, que quién sabe si siquiera será el mismo que el de los católicos o el de los Testigos de Jehová.
Yo no creo en eso, pero creo en el recuerdo que dejas en mi memoria, en los textos que he escrito sobre ti, en el libro que estoy escribiendo, en inmortalizarte de otra forma más real, más perenne; no en cosas que no voy a poder comprobar ni registrar jamás, porque al cielo nunca voy a llegar. El cielo es el que quiero crear mientras garabateo mi carpeta y tecleo palabras que escriben tu historia, la que se podrá leer y que hará que todos conozcan a Charo, mi madre, la gordita golosa con la que comparto mi vida.
Charo se quedó mirándome con sus ojos que ya no ven. Ve la sombra de su hijo más cercano, el único que tiene acá. Le encantaría volverlos a ver a todos en la mesa: al Viejo, a la Mona, a la Veta, a Teto y a Ricky. Se diluye en el recuerdo y sonríe diciéndome:
—Ay, hijito, igual me gustaría que creas en Dios para poder vernos en el reino.
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