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Hyper Taquipsiquia
“Se llama Hyper. Te enfocará la mente.” Eso me dijeron. Lo peor… era verdad. Una pastilla y el efecto fue casi inmediato. Mi cerebro se enfocaba en una cosa, nada lo disturbaba. Podía estudiar horas sin distraerme, sin comer, sin dormir. Sin embargo, al terminar el efecto sentía un agotamiento brutal. La pesadez era como si jalara de una piedra enorme constantemente.
Santiago Ruiz Valle
02 de setiembre de 2026
12 min de lectura
¡BANG!
Un estruendo seco y fugaz. Siento como el sonido golpea mis dos tímpanos con tambores al mismo tiempo. ¿Me los perforó? El sonido de la radio se está volviendo cada vez más opaco, como si tuviera vasos tapando mis oídos. Un ligero pitido se escucha en el fondo. Un líquido ha empezado a fluir por mi canal auditivo izquierdo. Supongo que ya tengo mi respuesta.
Ahora un calor intenso se engrapa a mi frente, quema mucho. Sin embargo, lo que más me asustaba se hace presente. Mi piel es perforada por la punta metálica de la bala. Se siente como si estuviera hirviendo. Corta mis músculos occipito-frontales tal cual bisturí eléctrico. Mis cejas se deprimen. La poca grasa de mi frente es consumida al instante y mi cráneo empieza a romperse. Puedo sentir cada fisura, cada fractura. Percibo como la presión se acumula en cada capa hasta que colapsa. La energía liberada es como el humo de un tren buscando por donde escapar. La punta de la bala se ha abollado, ahora su radio de perforación es mayor. Un pedazo de metal se desprendió y salió volando. Recién me he dado cuenta debido a un extraño ardor lineal en mi mejilla izquierda. Me cortó como un cuchillo, abriendo mi piel como si se tratase de un cierre. Fragmentos de la tabla anterior de mi hueso frontal y sangre ya invadieron mi seno frontal. Ese nanosegundo en que la bala entró al espacio hueco del seno fue extraño, no lo pude captar del todo, pero sé que existió. La bala ahora choca con la tabla posterior, se siente como un segundo balazo, empujándome de nuevo.
Inmediatamente, la duramadre de mi cabeza es penetrada. Las meninges siguen, se acompaña una sensación de un lápiz sin punta atravesandome. La bala ya está en el espacio de mi encéfalo. Está mojada, debe estar bañada con mi sangre.
Mi lóbulo frontal empieza a sufrir. ¡Ahh, esto no debería doler carajo! Maldita droga. Maldito Hyper. Aún lo recuerdo. El estrés, la ansiedad, la futilidad. Como debía matarme horas estudiando, privándome de sueño. ¿Para qué? Un misera nota aprobatoria. Los pendejos de mis compañeros estudiaban con las justas y les iba mejor. ¡No era justo! Pero, ¡¿qué más podía hacer?! Mis esfuerzos no eran suficientes. El tiempo no me alcanzaba. Los exámenes para marcar nunca los podía terminar. Mi mente sobrepensaba demasiado y perdía el tiempo. Tiempo, eso me faltaba. Cuando descubrí que mis compañeros usaban drogas para mejorar su rendimiento me llené de rabia. ¿Qué podía hacer? Iban a seguir haciéndolo. Podía reportar a alguno, pero no a todos. Si no puedes con ellos, úneteles.
“Se llama Hyper. Te enfocará la mente.” Eso me dijeron. Lo peor… era verdad. Una pastilla y el efecto fue casi inmediato. Mi cerebro se enfocaba en una cosa, nada lo disturbaba. Podía estudiar horas sin distraerme, sin comer, sin dormir. Sin embargo, al terminar el efecto sentía un agotamiento brutal. La pesadez era como si jalara de una piedra enorme constantemente. Lo tomé también antes del examen. Fue espectacular, volaba sobre el examen, cada renglón para marcar era como un trampolín y mi lápiz saltaba con gracia entre ellos. Terminaba entre los primeros y mis notas subieron como nunca. Eso era lo que necesitaba, una solución definitiva. ¡El problema no era yo! Mi familia me decía que me veía compulsivo y obsesivo, pero ellos no lo entendían. Nadie podía saberlo, ni mi familia, ni mi novia. Aunque ella me preguntaba que tenía, jamás se lo dije. Estoy seguro que ya sospechaba de lo que hacía. Decía que me veía agotado en nuestras citas, pero, ¿para qué explicarle? Ella jamás lo entendería. Lo encubrí como pude. Tenía que seguir tomando Hyper. Me ayudó a sostenerme. En cuanto terminara el semestre lo dejaría, antes no, eso me dije. Estudiar, clases, novia, clubes, gimnasio y dormir. Detesto dormir, si no fuera una necesidad fisiológica, nunca la haría. Maldito defecto en el diseño humano de Dios.
Aún siento el metal caliente de la bala atravesarme el puto encéfalo. Se abre paso a través de mis sesos haciéndolos mierda. ¿Por qué ahora todo está más callado? Ya no escucho el pitido de mis tímpanos perforados. El olor a pólvora también ha desaparecido. ¡Espera! ¡Mi lóbulo temporal no! ¡¿Por qué, por qué?! La bala del demonio debería estar atravesando mi lóbulo parietal, no el temporal. Carajo, el Hyper me ha vuelto demasiado sensible. El parietal que procesa el dolor y la propiocepción evitó la bala. Nada de lo que deseo pasa como quiero.
Mis recuerdos se vuelven nublados. Recuerdo… seguir tomando el Hyper, pero el efecto se estaba volviendo menor. Aún peor, lo necesitaba para funcionar. Sin él, el mundo se movía demasiado rápido y mi cuerpo y mi cerebro luchaban por trabajar. Aumentar la dosis, me acuerdo de ese…¿Sentimiento? ¿Cuántas pastillas tomé? Ya no recuerdo. Pero con eso el mundo transcurría lento, las personas demoraban mucho en responder. Cada conversación era una espera insufrible.
¿La bala desapareció? Ya no ubico el resto de mi cuerpo. Creo que el lóbulo parietal al final no se salvó. El dolor se está borrando poco a poco. Desconozco si solté la pistola. Pero la bala debe seguir ahí. Ha pasado muy poco tiempo. Los meros segundos son minutos para mí, interminables minutos. Aunque logré superar a mis compañeros en notas, me maté en el proceso. Podía recitar cada arteria del cuerpo, antes de que ellos pudieran responderme. Sin embargo, ya no me entendían, y yo no a ellos. Había vencido al tiempo o este me había expulsado. Ya no sé, ya no podía vivir así.
Todo se puso negro. Finalmente llegó a mi lóbulo occipital. En cualquier momento, mi cuerpo chocará contra el piso. Años de estudio y solo me sirvió para saber el camino de la bala. Lóbulo frontal, el filtro del pensamiento; lóbulo temporal, a cargo de la audición, olfato y comprensión de lenguaje; lóbulo parietal, procesamiento de sensibilidad corporal, orientación espacial y dolor; y el occipital, integración de la visión. Finalmente, se ha acabado, ya no veo, ya no siento, ya no… recuerdo. ¿Estoy tirado en el piso? Quié-e-en sabe. ¿HbRá… un cielo? ¿OUh… uHNn infierno? ¿Yo… piso? ¿Ylorah…rán?….. ¿Triztriste#$%? Viddah de.
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