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Hasta un amigo te puede traicionar

El dientes de sable corrió hasta que encontró a su amigo, el Tiranosaurio Rex, el rey de los dinosaurios, que medía 13 metros de largo y 4 de alto, era una descomunal bestia.

Santiago Rivas
02 de febrero de 2026
5 min de lectura
Había una vez un oso, pero que no era cualquier oso, era el oso de cara corta, el más grande, temido y poderoso oso que uno se pueda encontrar. Ese oso llega hasta 4.3 metros de altura (parado), casi 2 metros de largo y se decía que podía alcanzar la velocidad de 65 km/h, pero bueno, ya no entremos más a detalle y comencemos la historia. Había una vez un oso de cara corta paseando por su territorio hasta que se encontró con un dientes de sable. —Sal de mi territorio gatito— dijo el oso. —¿Y si no quiero?— dijo el dientes de sable. —Pues te enfrentarás conmigo. — Yo no soy un cobarde para huir de ti. El oso levantó su manota y le dió directo a la cara del dientes de sable y lo dejó noqueado, cuando recuperó la conciencia, el oso estaba a punto de morderle el cuello, pero el dientes de sable reaccionó al instante y salió corriendo despavorido. —¡No vuelvas nunca más!— fueron las palabras del oso al dientes de sable. El dientes de sable corrió hasta que encontró a su amigo, el Tiranosaurio Rex, el rey de los dinosaurios, que medía 13 metros de largo y 4 de alto, era una descomunal bestia. —¿Porqué estás tan aterrado amigo?— le pregunto el T Rex. —El oso me quería matar— respodió el dientes de sable. —¿Cuál oso? —El que está detrás de las colinas el oso de cara corta. —Pero ¿porqué tú te fuiste ahí? —Es que allí están las presas grandes y ricas. —¿En serio? —Sí, además yo fui allí para inspeccionar todo y luego contarte a ti. —Ese territorio sería estupendo que lo añada al mío. —Si quieres te llevo y tú le matas al oso para que sea tu territorio, ¿trato echo? —Trato echo. Y los dos se fueron al territorio del oso. Cuando llegaron quedaron horrorizados de ver no solo un oso sino una manada completa de osos de cara corta. —Yo me voy de aquí— dijo el dientes de sable y corrió como una gallina perseguida por un perro. —¡Espera! ¿y que hay de mi?— rugió el T Rex. —¡Pelea si puedes!— le respondió burlonamente el dientes de sable. —Bueno, bueno, mira nada más que tenemos aquí— dijo el macho alfa oso. —Si no es nada más que un solo T Rex— dijo otro. —¿¡Que quieren!?— dijo el T Rex enojado que su amigo lo haya abandonado. —Entraste a nuestro territorio, y los que entran nunca salen— dijo el macho alfa. Y mientras decía esto los demás osos le rodeaban al T Rex. —No me matarán tan fácilmente. —Eso lo veremos. Y todos los osos se le lanzaron encima, uno le mordió la cola, otro la pata trasera y otro el cuello... El pobre T Rex no pudo hacer casi nada al respecto porque sería lo mismo que un perro entre 10 gatos, solo que ahora es un T Rex contra 20 osos gigantes, lo mataron al instante. Mientras tanto el dientes de sable estaba orgulloso de sí mismo, porque su plan malévolo había funcionado a la perfección, ahora el territorio que antes pertenecía al T Rex le pertenece al dientes de sable. Por eso nunca confíes en un felino, y eso lo saben muy bien los perros.

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