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Espejo

Si realmente estuvieran interesados en encontrarlo, ya lo habrían hecho. Seguro hay un acuerdo, una coima por debajo de la mesa. O tal vez realmente son tan incapaces. No me cuesta creerlo. Qué pena. Qué tristeza.

Gabriel Herrera
30 de enero de 2026
12 min de lectura
“Esta fue la sección Buscapersonas de RPP. Si un ser querido tuyo se ha perdido, no dudes en llamarnos. Te ayudaremos a encontrarlo para que vuelva sano y salvo a su hogar. Volvemos el día de mañana.” Con esto no basta. No basta, para nada. ¿Cómo va a ser suficiente? ¿Cómo van a tener una sección de una hora dedicada a encontrar personas perdidas si tantas se pierden a cada momento? No es suficiente. Qué poco considerados que son. Esas pobres personas deben estar buscando a sus seres queridos, temiendo cada instante lo peor. Una hora. Una hora. Y más ahora que anda suelto ese degenerado. “Las autoridades aún no han dado con el paradero de Matías Castro, alias “El espectro””. Ya van más de cuatro meses y no lo encuentran. No lo puedo creer. No lo puedo creer. “Matías es el principal sospechoso responsable del secuestro de cuatro niñas que, hasta el día de hoy, siguen desaparecidas”. Si realmente estuvieran interesados en encontrarlo, ya lo habrían hecho. Seguro hay un acuerdo, una coima por debajo de la mesa. O tal vez realmente son tan incapaces. No me cuesta creerlo. Qué pena. Qué tristeza. “Las autoridades han pedido a la ciudadanía que comunique cualquier información que tenga para encontrar a este criminal que deja sin sueño y llena de temor a las pobres familias de estas niñas.” Qué ira. Claro. Claro. En su incompetencia, ahora piden ayuda a los ciudadanos. Quieren deshacerse del problema. Esto es increíble. Con mi niña, no movieron un dedo. La estamos buscando decían. Tenemos una pista, vamos a hacer todo para encontrarla. No hicieron nada. No hicieron nada. Absolutamente nada. La perdí. La perdí. No está más. No volverá a mis brazos. Mi niña. Mi dulce niña. “Ojalá los policías den pronto con este criminal y le caiga todo el peso de la justicia”. El vacío tomó su lugar. Pero yo ayudaré. Yo sí haré algo. No dejaré que esas familias vivan lo mismo que yo viví. Que sufran lo que yo sufrí. Que sepan lo que es. El vacío. Llevo un mes rastreando a ese maldito. Desde aquel día en que lo vi, le seguí los pasos. Atisbé su rostro antes que la sombra lo consuma aquella noche y me di cuenta que lo conocía. Lo conocía. Compartí momentos de mi infancia con él. En ese colegio donde pasé unos meses. Ahí lo vi. De algunos recreos. De miradas, lo conocía. De silencios. Jamás olvidé su rostro. Cómo podría. Laguna sin viento. Árbol sin hojas. Monstruo sin piel, porque te vi. Un día te acercaste a mi soledad y preguntaste: “¿a ti también te gusta la muerte?” Jamás olvidé su rostro. Cómo podría. Jamás olvidé tu sonrisa. Cómo podría. Y esa noche en que te vi, doblando la esquina, con la ropita ensangrentada y la muñeca de la cuarta niña entre tus dedos, comprendí. Te vi antes y ahora te veo. Tú no te escaparás de mí. No te escaparás de mí. La policía no hará nada, lo sé. Yo lo viví. La policía no te pondrá las manos encima. Pero yo sí. Y hoy, esta noche, pondré fin a tu reino de terror. Tengo todo listo. Todo está planeado. Tengo el cuchillo. Sé dónde estarás y sé dónde debo estar yo. Haré justicia, por todas las personas que has hecho sufrir. Haré justicia, por mi hija. De pronto, la niña en el fondo de la habitación logró sacarse el trapo que cubría su boca. -Déjame ir. Por favor, déjame ir. Por favor. Me duele mi muñeca. Quiero a mi mamá, ya no quiero estar aquí. Él volvió a dejar el cuchillo sobre la mesa, sus ojos llenos de cariño. -Claro que sí, te dejaré ir. Tú no te preocupes. Pienso todo el tiempo en eso. Pienso en tu bien. Por eso te traje. Para protegerte. Si no, ¿cómo podría dejarte ir? Las calles no están seguras, él está raptando niñas. ¿No lo escuchas, en la tele? No podría dejarte ir sabiendo que te puede pasar algo. Y con tus ojos verdes, seguro te mirará ese degenerado y te atrapará. Apenas mate a ese demonio, yo te suelto y te dejaré donde él no pueda encontrarte. Lo mato y serás libre, mi niña. Lo mato y serás libre. Él se fue al baño, para lavarse las manos. Miraba el agua. La espuma. Al cerrar el caño, no subió la mirada para buscar el espejo. Salió de la casa. Dejó la puerta abierta. No subió la mirada para buscar el espejo. Desde hace mucho tiempo, ya no hay un solo espejo en la casa de Matías. “Hoy, a las 7 de la mañana, las cuatro niñas desaparecidas fueron halladas en la sala de estar de una casa abandonada a las afueras de la ciudad. Todas estaban muy asustadas, pero por suerte ninguna estaba herida. El ministro del interior afirmó que la policía llegó justo a tiempo y que continúa la búsqueda de Matías, quien de acuerdo a las niñas desapareció en plena noche armado con un cuchillo, repitiendo que esa noche las dejaría ir después de matar a quien llamaba el demonio. Pronto, las autoridades lo encontrarán y lo traerán ante la justicia.” No hay un solo espejo en la casa de Matías. Tal vez desde aquel día en que matar dejó de ser una pregunta. Tal vez desde aquel día en que perdió a su hija.

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