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Entre amores y guerras (1)

Vaelor no tuvo tiempo de responder por que el chef principal llegó diciendo el desayuno: pan suave de algas marinas cubierto con miel cristalizada que brilla como oro líquido. A un lado, frutas exóticas cortadas en formas delicadas: cocos azules, mangos dorados y bayas que destellan con diminutas luces…

Leonor Morales
14 de enero de 2026
14 min de lectura
Érase una vez, en una gran isla se alzaba el reino de Thalmeris. Una linda niña llamada Doménica de 17 años, que vivía en un bosque a los bordes del Mar de Lúmina con varios animales que eran sus amigos y no la atacaban sino la cuidaban y jugaban con ella durante todo el día su amiga más apreciada era Luna su hermosa cachorra loba. Doménica es una joven amable, amorosa, sensible, encantadora y alegre. A pesar de su hermosa vida en el bosque, con sus mascotas viviendo en una acogedora casa de árbol, a Doménica le faltaba algo. Le faltaba amor. Doménica no tenía amigos humanos solo amigos animales. Aunque compartían juegos y meriendas en los atardeceres en los bordes de las cascadas. Doménica quería amor de verdad. Del otro lado del bosque a unos kilómetros de donde vivía Doménica estaba el gran reino de Thalmeris con su gran Rey Valtheris conocido como “El Guardián del Corazón Azul”, es un monarca sabio y sereno. Se dice que su voz tiene la calma de las olas y que su sola presencia puede apaciguar una tormenta. Bajo su reinado, Thalmeris ha vivido en paz. Su esposa la Reina Thalyra de espíritu misterioso y mirada profunda como el océano, Thalyra posee el don de comunicarse con las criaturas marinas. Y su príncipe heredero Vaelor de 18 años. Es un joven encantador de lindos ojos azules y piel clara, es un joven alto y musculoso. Varias jovenes están enamoradas de él, pero Vaelor no ama a ninguna. El busca a una joven amable, amorosa, sensible, encantadora y alegre. El busca a alguien como Doménica. A la mañana siguiente Vaelor se levanta dispuesto a preguntarle a su padre si puede ir a cabalgar al bosque con su caballero Charibert. - Buen día, príncipe- le dice su mayordomo Amelia, mientras cuatro criadas entran a su cuarto con un traje, zapatos, peines, cremas,... Vaelor aburrido se sienta en su sofá. Las criadas lo peinan y lo visten mientras Amelia le va diciendo su agenda de hoy a través de un elegante cuaderno con gemas. -Desayuno con sus padres, luego a la 11 irá al puerto con su padre a inaugurar en nuevo bote real, a las 1 almorzará, a las 2 tiene lucha con espada en el jardín con varios caballeros de su padre…- continuaba Amelia hasta que Vaelor la interrumpio. -Hoy voy a ir al bosque con Charibert- dijo firmemente mientras las criadas lo terminaban de arreglar. -Mmm el rey dijo…- empezó Amelia mirándolo. -Yo hablaré con él en el desayuno- interrumpió Vaeleor mientras las criadas lo dejaban irse de su cuarto, tan rápido que Amelia no pudo replicar. Vaelor fue tan rápido como pudo al comedor con su túnica de un azul marino intenso, con bordados en plata que representan olas y estrellas. El cinturón, de cuero oscuro, sostiene una daga ceremonial con incrustaciones de cristal. Su capa corta, noble y heroica, está adornada con escamas brillantes que reflejan la luz del sol, dándole un aire intrépido y reluciente. Al llegar se inclinó a su padre diciendo. -Buenos días, padre- dijo sentándose en su sitio a la izquierda del rey- Buen día, madre. -Buenos días- respondió su padre observandolo, este viste un manto majestuoso e imponente, confeccionado con seda marina teñida en tonos azul profundo y plateado, que reflejan la calma y la fuerza del océano., mientras su corona dorada con gemas azules brillaba. -Hola hijo- dijo su madre dándole una amorosa sonrisa desde la derecha del rey, está luce un vestido suave y delicado, hecho de telas ligeras que parecen flotar como espuma de mar. Los colores se degradan del turquesa al blanco nacarado, creando un efecto luminoso y encantador. Está adornado con elegantes perlas marinas. Vaelor no tuvo tiempo de responder por que el chef principal llegó diciendo el desayuno: pan suave de algas marinas cubierto con miel cristalizada que brilla como oro líquido. A un lado, frutas exóticas cortadas en formas delicadas: cocos azules, mangos dorados y bayas que destellan con diminutas luces… Vaelor comió en silencio viendo a su padre comer. Hasta que se atrevió a preguntarles. -Hum… padre… me preguntaba… si… hoy…- empezó hasta que su padre lo interrumpió frustrado. -Habla bien, niño-le dijo firmemente que Thalyra dejó de comer para escucharlos. Vaelor tragó saliva, levantó la vista y, con voz más segura, dijo: —Padre… Hoy deseo cabalgar al bosque junto a Charibert. No solo para entrenar, sino… para ver lo que se oculta más allá de nuestras murallas. El rey Valtheris dejó el pan sobre el plato, lo miró fijamente y con tono sereno le respondió: —El bosque no es un lugar para un príncipe. Está lleno de misterios, criaturas salvajes y senderos que no llevan a ninguna parte. ¿Por qué insistes en ir allí? Vaelor apretó los puños bajo la mesa, pero mantuvo la calma. —Porque quiero conocer lo que hay más allá del mar y del palacio. Quiero entender a nuestro pueblo, a la tierra y… quizás… al destino que me espera. La reina Thalyra, con su mirada profunda como el océano, sonrió suavemente y tocó la mano del rey. —Querido, déjalo ir. El bosque guarda secretos, sí, pero también enseñanzas. Y nuestro hijo debe aprender no solo de espadas y consejos, sino también del mundo que lo rodea. El rey suspiró, sabía que cuando Thalyra hablaba con esa calma, era como si el mar mismo aconsejara. Finalmente asintió. —Está bien, Vaelor. Pero irás con Charibert, y regresarás antes del anochecer. El corazón del príncipe saltó de emoción. —¡Gracias, padre! Prometo regresar antes de que caiga la luna. Terminó el desayuno rápidamente, y mientras los sirvientes retiran los platos, corrió a los establos reales. Allí, su fiel caballo, Argentus, un corcel blanco con crines plateados, lo esperaba impaciente. Charibert, su caballero de confianza, lo observó con una sonrisa cansada. —Parece que hoy arderán tus ojos más que el sol, príncipe. ¿Qué tan especial es este paseo? Vaelor montó de un salto, su capa azul ondeando tras él. —No lo sé aún, Charibert… pero siento que algo en el bosque me está esperando. Y mientras cabalgaban hacia la espesura, en el otro extremo del bosque, Doménica jugaba con Luna, su cachorra loba, sin imaginar que el destino ya había comenzado a unir sus caminos…

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