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El guardián de la cueva

Tras calmarme un momento, me volví a armar de valor y volvi a entrar, Molly mordía fuertemente mi pantalón pues quería evitar que yo entrara en aquella cueva.

Claudia Cassia
15 de enero de 2026
7 min de lectura
Yo nunca creí en las viejas leyendas de la vieja cueva al lado del mar, aquellas leyendas de que había un fantasma custodeando un tesoro, me parecía ridículo. Una tarde decidimos hacer una expedición, éramos muy pocas personas: Juan, el viejo vigilante del pueblo; Mathias mi travieso y curioso hermano menor; Molly, mi perrita fiel, quien no dejaba de ladrarle a Juan; y yo, una aspirante a escritor que buscaba una historia jugosa e interesante. La aventura comenzó cuando el gallo canto a la primera luz del sol. Mathias me despertó sacudiéndome los brazos con mucha fuerza, señalando nuestro equipo que preparé el día anterior. Sin dudarlo, me levanté de la cama y comencé a preparar el desayuno y a empacar nuestro almuerzo. Al llegar a la playa nos dimos con la sorpresa de que el mar golpeaba con mucha rudeza las rocas, y el viento parecía susurrar secretos de la era antigua. Aquel escenario era impresionante y aterrador: Una cueva oscura e inexplorada, rodeada por un mar embravecido que tenia la impresión de tragarse a cualquiera que se atreviera a entrar en la cueva. Nadie, ni siquiera mi hermano, se atrevió a entrar en aquella cueva, me reí de ellos por ser demasiados miedosos, pero dentro de un momento empece a tener miedo también. Mi corazón casi se me sale del pecho cuando escuche un ruido que me pareció el quejido de una persona moribunda, quise pretender ser valiente, pero cuando escuche aquel sonido una segunda vez, grite como una loca y salí corriendo a los brazos de mi hermano, quien no dejaba de reírse y burlarse de mi. Molly se acurruco a mi lado para que yo pudiera calmarme y Juan estaba a punto de sufrir un infarto. Tras calmarme un momento, me volví a armar de valor y volvi a entrar, Molly mordía fuertemente mi pantalón pues quería evitar que yo entrara en aquella cueva. Me tomo varios minutos, pero logré tranquilizarla y entrar en la cueva, al entrar por segunda vez, volví a escuchar aquel sonido, me acerqué lentamente para saber que era aquel sonido, al acercarme me di cuenta de que aquel fantasma, era simplemente un señor anciano que abrazaba fuertemente un cofre de madera, al acercarme lentamente descubrí que el señor estaba lastimado seriamente, llamé rápidamente a mi hermano y Juan que vinieran a ayudar, con su ayuda logramos llevar al señor Cristian al hospital donde sus heridas fueron tratadas y en cuanto al supuesto tesoro, solamente eran fotos viejas y cartas de amor de su esposa que había fallecido no hace mucho tiempo. El señor Cristian me agradeció por ayudarlo y como muestra de agradecimiento me regalo un bonito collar de caracoles que se ha convertido en mi precioso regalo.

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