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El bosque de los ojos apagados
El mundo externo le parecía lento, aburrido y distante, su habitación, aunque no creo que se le debería llamar así, estaba con cables enredados por doquier, los audífonos, sobre el escritorio libros que no parecían haber sido tocados por el suelo...
Anya Velasquez
21 de mayo de 2026
6 min de lectura
En Lima, la noche hace mucho tiempo había dejado de existir.
Gigantescas pantallas cubrían los edificios devorando la oscuridad cual soles artificiales, con luces frías y anuncios parpadeantes. Las estrellas hace mucho parecían haberse rendido ante ese brillo fulminante. Sobre las avenidas, las notificaciones sonaban como una lluvia constante de voces vacías o como el de una marea, mientras cientos de personas caminaban con la cabeza hundida en sus celulares, aisladas… a pesar de estar cerca de otros.
Ninguna persona levantaba la mirada y aquellos que lo hacían era momentáneo, parecían hipnotizados por aquellos pequeños universos que cabían en la palma de sus manos, no parecían seres vivos sino zombis o cascarones vacíos.
Parecían despiertos… vivos, pero en realidad sus ojos estaban vacíos y sin pisca de emoción, todo monótono. Para Kael esto era sumamente normal todo superficial y el estaba acostumbrado a vivir así.
Tenía quince años y vivía atrapado detrás de una pantalla de luz azul que iluminaba, aquel bello rostro trigueño claro ligeramente bronceado, sus dedos se movían a una velocidad asombrosa sobre el teclado mientras revisaba redes sociales o exploraba mundos virtuales que prometían sacarte de la realidad, sus ojos de un tono café profundo tanto como el café, parecían guardar secretos inmensos, su cabello siempre despeinado por la pereza de querer cepillarlo parecía un nido de pájaros.
El mundo externo le parecía lento, aburrido y distante, su habitación, aunque no creo que se le debería llamar así, estaba con cables enredados por doquier, los audífonos, sobre el escritorio libros que no parecían haber sido tocados por el suelo, ropa botada y tazas por doquier. Todo a oscuras como si el exterior hubiese dejado de pertenecerle hace mucho tiempo.
-¡Kael,¿qué son estas horas de seguir jugando?, duérmete de una buena vez! -grito su madre enojada, en la puerta de su cuarto-Antes solías leer, dibujar paisajes animales y ahora, ¿qué? Pasas todo el día en ese celular y computadora -menciono con un atisbo de decepción y enojo en su voz.
-Todo eso está en el internet, mamá -respondió Kael, sin despegar su vista de la pantalla de su laptop, antes de recibir un golpe en su cabeza de su enojada madre.
-¡Mirame cuando te hablo y duérmete de una vez! -le grita enojada su mamá, antes de apagar su laptop dándole una mirada enojada por última vez, antes de salir de aquel cuarto.
Pero Kael, seguía perdido en sus pensamientos, a él solo le interesaban la inteligencia artificial, mejores maquinas y sus videojuegos como el Roblox, recordando de manera vaga cuando dibujaba los árboles, aves y paisajes que solían ser de su agrado. Para ser sinceros le gustaba la naturaleza, pero le parecía algo inútil frente al futuro.
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