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Azul
Sí, lo sé, mi niña, soy tonto. Soy tan estúpido como para creer que me hacías mal, aún cuando sabía que lo más hermoso y la felicidad más pura se encontraba entre tus labios, en tus besos, en la calidez del amor desprendido y desparramado que me manchaba de verde hasta que mi azul se vuelva uno verdoso, feliz de estar manchado.
Oliver León Diestra
04 de noviembre de 2025
8 min de lectura
Extrañar y solo suponer.
Extrañar y solo suponer, son dos acciones que sin remedio siempre termino por cometer. Y es que, me resulta tan difícil no dejar a mi mente volar hacía allí, el lugar donde aprendí que el amor no es algo que amas sabiendo que lo haces, sino que es justo cuando no sabes que lo amas, que te puedes enamorar más, aún si eres como yo y no sabes qué estas sintiendo.
"Sí, lo sé, mi niña, soy tonto. Soy tan estúpido como para creer que me hacías mal, aún cuando sabía que lo más hermoso y la felicidad más pura se encontraba entre tus labios, en tus besos, en la calidez del amor desprendido y desparramado que me manchaba de verde hasta que mi azul se vuelva uno verdoso, feliz de estar manchado. Feliz de ya no tener la tristeza habitual. Pero no me puedes culpar, mi niña, tu más que nadie sabe que tan mal estaba, sabes que el azul que habituaba en mi corazón era dañino, triste, muy triste. Así como yo también sabía que tu verde dolía y quemaba, que cambiaba, que a veces amaba y otras repudiaba.
"Pero, ¿Cómo no caer? ¿Cómo no si tus ojos son tan preciosos y a veces confundo el chocolate de estos con el verde de tu alma? Ah, no sé, mi niña. No sé porqué te escribo de esta forma tan complicada cuando sé que no lo entiendes, o no por completo. Estoy seguro que no entiendes a qué me refiero usando “azul” y “verde”, pero no te preocupes, aquí estoy para explicarte y entenderme a mí mismo.
"Azul, yo soy azul, mi niña, el azul representa ese sentimiento tan profundo que siento por ti, ese sentimiento de amarte sin siquiera darme cuenta que te amo. Azul es mi tristeza, esa que estuvo más tiempo que tú y se queda conmigo, como una buena compañera, o como un miedo que nunca se va. Azul es mi sala, esa donde te pedí que seas mi novia entre susurros y con la voz quebrada derramando este color por amar, amar sin saber que estaba haciéndolo; porque sí, yo no sé qué siento hasta que te vas, o me dejas, o siento que me estas dejando, o simplemente supongo si me amas, o si no, o me quieres, o me esperaras si me voy, o me quieres necesitar como yo te quiero necesitar. Azul es mi elección de fundirme en mi soledad y tristeza porque no sé cómo ser feliz sin sentir culpa. Azul soy yo, pero mis besos, los que te regalé, fueron el azul más brillante y claro que pude sacar de mí mismo, y es que ¿cómo no regalarte lo mejor de mí, cuando con solo darme tu tiempo yo ya me siento feliz? Azul es mi amor, este amor masoquista que no sabe amar sin estar bien y espera que lo cures con tu verde, con la mezcla de ambos coexistiendo para formar el amor más triste de mi vida. No me malinterpretes, amor, no triste por ti o lo que vivimos, o quizá sí, triste por mí, porque te perdí sin perderte de verdad.
"Verde, no sé si seas verde, pero desde mi verdad corrompida por mi sin sentir, lo eres. Verde es tu melancolía, la nostalgia que traes en cada paso y la máscara que te colocas cada vez que hay más personas que solo mi soledad. Verde es tu cuarto, ese donde quise quedarme, son tus brazos que me envolvieron y me apretujaron contra tu pecho como queriendo retenerme ahí, es tu mirada tan cálida acompañada de tu voz suave murmurando un “Días de amor invernal”. Verde es tu elección de dejarme por personas que son menos que yo, que se supone que significan menos que yo; también es cuando dijiste que me amabas, pero no me necesitabas, que ya no era lo que necesitabas. Verde eres tú, bonita, eres las palabras el interés y las experiencias que me diste sin siquiera pedirme algo a cambio. Verde es tu amor y el que no me necesites más, aunque me ames.
"Espero que con esto seas capaz de leer mis recuerdos borrosos, de ti, de las sensaciones, de tu amor, con la esperanza de ya no verte más, por más que cada vez que lo haga solo ruegue por tu soledad para acompañarte con la mía.
"Casi podría sentir la sensación de correr a verte y las ganas de besar tus labios sin realmente darme cuenta de las ganas que tenía de tenerte a mi lado, solo a mi lado. Podía sentir tu calor, el calor de tu cintura alrededor de mis manos que ahora escriben sobre ti, en vez de escribirte para volver a vernos. Veía tu felicidad y casi sin poder evitarlo me contagiaba y amaba tanto, pero tanto, que mi pecho dolía por lo rápido de mi corazón. Te besé, una, dos, tres veces quizá, nunca era suficiente, nunca tenía suficiente de tu verde, nunca estaba lo suficientemente manchado de ti. Subimos, con cuidado, sonriendo, nerviosos, como dos adolescentes, aunque lo seamos. Cerraste los ojos por petición mía, y luego te guíe hasta que quedaste frente a el sillón, aquel que contenía todo el azul que me hacías sentir, ese que contenía lo mejor y lo peor de mí escondido entre detalles. Sonreías tan bonito, mi niña, me amabas tan bonito, no digo que no lo hagas ahora mismo, pero ahí lo sentía más que nunca. Te gustó todo lo que preparé, una carta donde había puesto mi corazón sangrante y palpitante, esperando a ser tomado por tu amor, el ramo de flores; el libro, ese donde los protagonistas eran prácticamente nosotros; un álbum por el mismo libro donde tenía planeado poner cada una de nuestras futuras citas; un pastel, tu favorito.
"Luego, otra vez tú, bonita, ¿Quién más que sino tú?
"Nosotros echados, las canciones que preparé con cuidado para ti sonando, pero yo solo me perdí en ti, en ti, en tus ojos, en tu calor, en la felicidad de poder decir que eras mi enamorada. Más besos, y es que, ¿para qué hablar si te podía entender con tan solo un toque de labios y tu mirada. Y nos amamos tanto, me sentí tan amado, me sentí amado por ti y con eso me bastaba para estar bien.
"Nosotros otra vez acostados, pero ahora estas con el teléfono, me sentí mal. Me sentía triste, mi azul estaba contaminando el verde de tu amor y no tienes idea de cuánto me dolió ver que ni siquiera me mirabas y estábamos solos. Sin soportarlo te abrace, pero nada, seguiste prestándole atención a un aparato mientras estaba yo ahí, yo que casi nunca estaba. “Bonita, mírame, mírame a mí.” ¿Qué más podría desear en ese instante? Y besé tu cuello, lo único que podía besar desde el abrazo en el que estaba envuelto sin estarlo porque tus brazos no estaban. Lo besé, lo besé tanto como pude, hasta que por fin me besaste y dejaste atrás el teléfono. Y luego te abracé, me abrazaste y no sabes como quise llorar cuando me amaste así, me abrazaste como si no te quisieras despedir de mí cuando ni siquiera quería irme de tu lado."
Y dejo de escribir, dejo caer el lapicero, dejo de amar, dejo de llorar, dejo mis sentimientos, esperando poder ser un poco más como ella para ignorarme y a la vez hablarme como si nada, como si no me amara.
Es gracioso pensar que ahora me siento destruido sin ella, porque cuando estuve con ella me sentía igual. Es gracioso porque la extraño más cuando la tengo que cuando no la tengo en realidad. Es gracioso porque la extraño más cuando veo películas que hablan de amor y en lo único que soy capaz de pensar es en el amor que creía no tener o merecer, pero que amaba sin saberlo. Es gracioso pensar que estuve con ella solo porque la quería y la terminé amando tanto que ya ni siquiera puedo llamarlo amor y prefiero llamarlo azul.
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