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Amor incondicional

El siempre ha estado enamorado de mí, desde que éramos niños, solo el año pasado se atrevió a declararse, pero como yo estaba de novia contigo lo rechacé y no me arrepiento, porque lo que tuvimos fue bonito.

Gabriela Puma Zea
19 de octubre de 2025
10 min de lectura
Después de mucho tiempo volvió a sonar el tono de timbre que puse para su contacto, así que apresurada miré el cellular. - Hola señorita ¿estás en casa? Puedo pasar a visitarte -el WhatsApp finalizaba con una carita feliz. El corazón se me encogió, me sentía feliz y al mismo tiempo temerosa, me sonreí, ese mensaje significaba un rayo de esperanza, volví a leer el mensaje y como quien no quiere demostrar desesperación al responder pero tampoco falta de interés deje que pasaran dos largos minutos para mandar mi respuesta. -Hola, justo acabo de llegar a casa. Puedes venir, siempre serás bienvenido - respondí lo más serena posible manteniéndo la compostura. -Estoy en 5 minutos -experimenté una leve taquicardia para caminar lo más rápido posible al espejo de baño. Me acomodé el cabello, jalé hacia abajo la blusa, sonreí. Conclusion: estaba linda. Lo esperaré sentada en el escritorio como quien está trabajando, cuando él entre lo saludaré y caminaré dos o tres pasos para sentarme en el sofá. Entonces escuché una llave girar en la chapa de la puerta -es él- calculé el tiempo y justo cuando entró cerré la laptop y volteé. -Hola Ashly, ¿cómo has estado? -me miró como analizándome. -Hola, muy bien- sonreí como solo yo sabía hacerlo cuando en el fondo todo estaba mal-. ¿Qué tal?- con sus ojos señaló mis piernas. -Pues muy bien, estoy siguiendo todas las recomendaciones- me levanté lo más erguida posible como si estuviera dando una demostración de lo que hablaba y como estaba planeado di mis mejores tres pasos y me senté en el sofá. -Más bien, tú cuéntame cómo has estado, cómo te ha ido -me costó mucho pero logré cruzar mis piernas sin dificultad y con un sentimiento de logro me acomodé. Como de costumbre se recostó a mi lado. -También me ha ido bien, solo que te he extrañado mucho -mi corazón dio un brinco de alegría... ¿Era eso realmente cierto?, me pregunté en la mente mientras miraba la puerta por la que hace unos instantes había entrado, volví a dirigir mi vista a él: -¿Y cómo está tu familia? Sonrió y reviso en sus recuerdos: -Mi familia está bien, mi mamá te manda saludos. La misma persona que te insistió que terminaras conmigo, pensé. -Gracias, también mándale saludos de mi parte seguro que la visito un día de estos -sonrei cálidamente. Y como por casualidad o decreto divino entró una llamada a mi celular, era Federico. -Contesta -su expresión cambió mientras leía el nombre. -No, querrá hablar bastante, lo llamo luego -levanté la vista para analizar mejor su expresión. -¿Quién es? -Levantó la vista para mirarme fijamente a los ojos. -Un amigo de la infancia, hablamos de vez en cuando y hace poco acaba de regresar a la ciudad. -Es el tipo que es hijo de la amiga de tu mamá y que se te declaró el año pasado - afirmó con sus palabras y preguntó con su expresión seria - y recuerdo que en ese entonces no quisiste hablar del tema. No podía creer que lo recordara, se refería a Ricardo. Wao, había logrado que piense que Ricardo y Federico son la misma persona. -Sí, es él -respondí de inmediato, Dios perdona mi mentira. -¿Te gusta? -preguntó sin quitarme los ojos de encima. -¿Qué? -mi mente no procesaba la pregunta. -Pregunto si te gusta -no podía creer que me estuviera preguntando eso y respondí lo primero que se me vino a la mente. -No es feo. -Vaya, ni siquiera te gusta -miró la hora en su celular mientras yo procesaba la sorpresa que me causaron sus palabras. -Si no sabes no hables -lo miré a los ojos, ¿acaso creía que solo él podía gustarme? -No importa cuán obsesionado esté él conmigo si no lo quieres no serás feliz - sus palabras fueron acompañadas con una mirada de lástima que provocó furia en mí. -Siempre he querido tener a mi lado a alguien que sienta un amor incondicional y el es el único hombre que me ha demostrado lo más parecido a eso. Después de unos segundos de silencio, suspiró y solo alcanzó a decir: -Ashly. -El siempre ha estado enamorado de mí, desde que éramos niños, solo el año pasado se atrevió a declararse, pero como yo estaba de novia contigo lo rechacé y no me arrepiento, porque lo que tuvimos fue bonito. Pero aún así él sigue a mi lado y más ahora que mis circunstancias han cambiado, tú más que nadie sabe que son pocas las personas que decidieron quedarse conmigo. -¿Crees que es por eso que te dije para darnos un tiempo? -No lo sé, según tú es porque yo necesito más tiempo para mis tratamientos y porque tu familia asi te lo aconsejo -tensé la mandíbula, aún me dolían sus palabras en aquel parque donde me explico sus excusas para darnos un tiempo o más bien para terminar. -Ashly, déjame explicarte. -No quiero saber nada, retírate por favor -estaba molesta. -Entiendo, sabes eres libre de hacer o pensar lo que creas mejor para ti, solo no intentes ser feliz al lado de alguien que no quieres. -Adiós- desvíe la mirada hacia la pared y sin querer mis ojos alcanzaron a ver el cuadro de mi habitación donde estaban la foto que nos tomamos cuando me pidió matrimonio, entonces una lágrima rodó por una mejilla mientras escuchaba la puerta cerrarse. Seis meses después tocaron la puerta, así que empujé con destreza las ruedas de mi silla para ir a abrir. -Hola Federico -retrocedí para dejar que la puerta se abriera sin que mi silla estorbara- pasa. -Buenas noches, señora, gracias- sin más entró sacudiendo sus zapatos en el tapete de la entrada. -Toma asiento- le sonreí el único tipo que durante esos meses iba a verme. -¿Quieres un refresco? -siempre intentando ser amable con él. -Sí, por favor, gracias -cuando terminó de sonar el cierre de su mochila escuché el sonido de una bolsa y cuando terminé de servir el líquido amarillo de la jarra voltié a mirarlo. -Sírvete por favor -era momento de intercambiar el vaso con la bolsa blanca que sostenía en su mano para que yo la cogiera. Le volví a sonreir: -Gracias, Federico, eres el enfermero más amable que he conocido en toda mi vida, qué haría sin ti, me traes las medicinas desde hace 6 meses,te prometo que pronto me recupérare. -Tranquila, señora, sé que le es difícil ir a recogerlas y yo siempre paso por aquí de regreso a casa -expresó su bondad después de tomar el primer sorbo de maracuyá y desviar su mirada a mi escritorio para ser específicos a la tarjeta dorada que sobresalia - Veo que la invitaron a una boda. -Sí, es la boda de mi exnovio, se casa el próximo mes -bajé la vista para abrir mi paquete e intentar que ese pequeño gesto disminuyera el impacto de lo expresado, pero no pude evitar ver que Federico abrió los ojos de asombro y luego su expresión cambió a lástima. -¿Irá? -¿Me acompañarías? -levanté la vista decidida para ver su expresión de sorpresa-. Necesito que un joven buen mozo, alto, guapo y fornido me acompañe. -¿Me lo está diciendo en serio? -me miró con destellos de duda en sus ojos. Claro, le estoy diciendo en serio, aunque para ser sincera lo que necesito es que alguien me ayude a bajar, armar y luego subir la silla de ruedas al auto -después de mis gestos de flojera, pregunté- ¿me harías el favor? ¡Mentira! lo que necesito es que Federico y el amor incondicional existan y que él crea que realmente lo perdoné por haberme dejado en el peor momento de mi vida, cuando me diagnosticaron Esclerosis múltiple. -Claro, señora, yo le ayudo.

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