Volver al blogTallerista - Grupo online
Academia Lumiere (1)
Me sumergí en la música, mi único lugar seguro, aunque en realidad me hacía sentir viva. Solo cerraba los ojos y me llevaba a otra dimensión. Comencé a bailar en mi sala de estudio con los audífonos puestos, como si eso fuera a aminorar todo lo que acababa de pasar.
Majo Enciso Silvera
17 de enero de 2026
15 min de lectura
Era una tarde sofocante, todos estábamos muy ajetreados en la empresa. Y no era para menos con la visita del supervisor. Yo estaba a cargo; todo estaba yendo muy bien hasta que el maldito ejecutivo empezó con chistes vulgares sobre las mujeres de mi equipo. Yo iba a responder, pero empezó la reunión. Estaba muy nerviosa; en el monitor presentamos nuestras diapositivas.
—Buenos días, inversionistas. Somos el equipo de ventas, queremos mostrar nuestra nueva propuesta… —iba a seguir hasta que escuché un murmullo entre los inversionistas.
—Es una de las mejores, me gusta su propuesta —alcancé a oír, pero su amigo de pronto lo interrumpió.
—Voy a votar en contra; ella me hostigó sexualmente para aceptar su propuesta.
En ese momento me cansé, tomé uno de los lápices de la mesa y se lo lancé de frente; como si le hubiera caído en la cara, pero se estrellaron contra la pared. Ahí fue donde se acabó mi gran oportunidad. A los ejecutivos no les importan estas cosas, las toman como “triviales”. Algo es seguro: me destituyen del puesto. Ahora sería parte de asesorar a los nuevos, de ser parte de sus equipos. Lo cual no niego que me guste; tengo buena presencia, pero yo quería el puesto de director dentro del equipo de ventas. Era mi momento, y ahora veo pavoneándose al tipo que lo arruinó todo. A veces me pregunto: solo los que nos esforzamos desde abajo entendemos lo duro que trabajamos solo para ocupar un puesto y no ser despedidos. Eso se acabaría hoy. Sin que nadie me detuviera, tomé la taza de café del cerdo que había dicho que yo lo “había hostigado”, derramando el café por toda su cabeza, porque cabello no tenía. Eso fue una falta gravísima, lo que llevó a mi despido y estado actual. En mi departamento, sacando cuentas de cuánto tiempo me daba para buscar otro empleo sin quedarme en la calle. Fue ahí que, entre algunos papeles guardados, vi la foto de mi abuela con mi mamá. Sonreí levemente, ya que ambas habían muerto por la misma enfermedad, y yo no pude hacer nada… ¿Y mi papá? Digamos que mi madre no escogió bien y resultó ser igual que el tipo al que le arrojé el café.
Fui a la cocina por algo de comer, tomando la foto entre las manos, pero saqué una copa y serví vino. Lo tomé todo de un trago, tirándome en el sofá. Prendí la televisión, echándome a llorar con un dorama.
—¿Por qué siempre dejan al protagonista con el amor en las manos? ¡Ojalá tener esa suerte! —Tiré el control de la televisión sin pensarlo.
Empecé a llorar desconsoladamente, abrazando el cuadro con la foto de mi mamá y mi abuela. Como estaba muy ebria, le hablé a la foto.
—A veces me pregunto cómo te pudiste casar con papá y tener esa tonta academia… abuela, para conseguir pareja. Es estúpido en pleno siglo XXI tener esas ide… —no seguí al ver un papel caer de la foto—. ¿Qué es esto? —Al verlo mejor, me di cuenta de que era el título de propiedad de la “Academia Lumiere”.
Me quedé impactada, no sabía que eso aún existía. El lugar quedó abandonado luego de que mi madre lo heredara, pero ¿me lo dejó a mí? Entré rápidamente a mi laptop, buscando más información, ya que no recordaba dónde quedaba, hasta que lo vi: “Calle Mercedes Lt. 14, Av. Los Ángeles”. Estaba a una hora de mi casa. Por suerte, tenía un auto particular. Encendí el auto y fui en busca del lugar. Ahí había varias obras que estaban aún construyendo, entonces me metí. No habían reclamado este terreno, pero lo pensaban comprar, según palabras de los mismos trabajadores. Cuando me choqué con el jefe de la obra, me citó al día siguiente a su oficina; quería negociar.
—Iris, ¿verdad? Nosotros queremos construir hogares para los nuevos residentes, pero esta propiedad está frente a la mejor vista del lugar. Quería saber si está dispuesta a cumplir este sueño con nosotros. Podemos estimar un precio, quizás medio millón. ¿Estaría bien? —sonrió levemente, entregando el cheque en sus manos.
—Yo… no sé qué decir. Es muy tentadora su oferta… Sr. Jones, pero aún tengo que pensar bien qué hacer con esta propiedad que me dejó mi madre. Créame que lo pensaré —dicho eso, salí de su despacho hacia la dichosa “academia de esposas modelos”.
Mi abuela usó este lugar para ganarse la vida; instruía a mujeres solteras de la época a conseguir pareja en el menor tiempo posible. En la actualidad, esa idea la detestaba. Pero qué podía hacer, una buena suma de dinero no vendría mal, más por mi situación actual. Según el señor, eran como doscientos mil dólares al contado que podría pagarme por esa propiedad.
Me sumergí en la música, mi único lugar seguro, aunque en realidad me hacía sentir viva. Solo cerraba los ojos y me llevaba a otra dimensión. Comencé a bailar en mi sala de estudio con los audífonos puestos, como si eso fuera a aminorar todo lo que acababa de pasar. Pequeños recuerdos me vinieron a la mente: cuando tenía unos siete años y mi abuela siempre me sacaba a pasear, aunque era para no escuchar cuando mi padre golpeaba a mi mamá. Suspiré, cansada de esta situación; la impotencia que sentía era demasiada, y recordé las palabras de mi abuela.
—Abu, ¿alguna vez te has arrepentido de algo o sentiste culpa en tu vida? —la miré mientras jugaba con algunas flores, aunque el silencio se hacía palpable.
—Oh… mi niña, no creo que lo entenderías, pero… condenar a mujeres a vivir algo que no son —susurró cabizbaja, pero luego me miró con una leve sonrisa, tratando de contrarrestar su sentir, y el sonar de su celular ayudó a que olvidara lo que le iba a decir—. Oh, mira, ya es hora de volver. Tu mamá está preguntando por ti. —Me tomó en brazos, comenzando a mimarme.
Al volver a la realidad, al terminar la canción, empecé a analizar diferentes futuros en cómo podría invertir ese dinero. Ya había tomado la decisión. Esa noche por fin pude dormir algo tranquila; sabía en el fondo que algo se me ocurriría.
Cuando desperté con ayuda de mi alarma, me alisté con una blusa y un pantalón negro de vestir. Podía comer tranquila mi desayuno hasta que recibí un mensaje de mi mejor amiga preguntando si podía cuidar a su hijo recién nacido, ya que su esposo, bueno para nada, no podía porque tenía una “chamba”. Primero le dije que no, pero luego acepté, ya que le debía un favor. Rápidamente encendí mi auto; en quince minutos ya estaba en la casa de Lucy, quien me entregó a su hijo, ya que tenía que ver a su madre enferma. Coloqué al bebé en el auto y puse en marcha para saborear esos dólares, hasta que se me ponchó una llanta del auto. El bebé no paraba de llorar; tuve que hacer una pausa. Empecé a examinar qué tenía: si quería comer o había hecho del baño. Créanme, no me agradan los bebés, no me veo siendo una madre, pero haría lo que fuera por mi mejor amiga, y unos pañales sucios junto a biberones no me iban a detener. Ahí estaba yo, acomodando la parte trasera del auto mientras respondía las llamadas incesantes del señor Jones.
—Sí, señor Jones. Ya estoy a punto de llegar, solo tuve un pequeño contratiempo —contestaba mientras trataba de calmar al bebé y cambiarlo ante sus llantos incesantes.
—¿Por tu hijo? No te preocupes. Puedo esperar un poco más, como media hora o cuarenta minutos —reí levemente al escuchar esto, pero negué.
—Gracias, señor Jones, es muy amable, aunque… no tengo hijos —respondí, aunque cuando me di cuenta ya había cortado la llamada—. Bueno, bebé. Es hora de pasar tiempo con la tía millonaria —terminé de cambiarlo, y cuando le di su biberón cesó de llorar—. Eres un comelón como yo —reí.
Encendí el auto de nuevo, yendo a una llantería que quedaba cerca del despacho. Tomé al bebé en brazos, caminando a pasos apresurados, hasta que vi una pareja discutir. Cuando me acerqué, era Lucy, quien le reclamaba a su esposo porque no había llegado a casa ayer cuando le pidió que la ayudara con su mamá enferma. Él empezó a gritarle hasta que la pelea escaló mucho.
—¡Ya te dije que estaba trabajando, eres solo una exagerada! Deberías estar cuidando a nuestro hijo, ¡ahora que para eso eres mi mujer! Será mejor que vuelvas antes de que te…
—¿Me vas a pegar? ¡Yo he sacado a nuestro hijo adelante porque lo que ganas en tu trabajo, que en realidad solo vas a la cantina a hacer hora mientras te acuestas con la vecina! —gritó enojada sin contenerse.
Vi que su esposo estaba desatado; le dio una bofetada que resonó por todo el lugar. En ese momento, corrí lo más rápido que pude, dándole una patada en la entrepierna, con los nudillos en la nariz, y si hacía falta, desestabilizarlo para hacerlo caer. Auxilié a Lucy, que se encontraba en el suelo llena de moretones. Le di la dirección de mi auto para que fuera con su hijo, junto con mis llaves. Me quedé con su esposo, que estaba dispuesto a continuar la pelea.
—¿Qué carajos haces? ¡Ella es mi mujer y mi hijo! Yo tengo poder sobre ellos, no tú. Será mejor que te vayas antes de que te golpee a ti también —empezó a ponerse en pose de lucha, saltando de lado a lado como si pidiera más.
Sonreí levemente ante su respuesta. Más simio no podía ser. Esto era increíble; no sé cómo Lucy terminó casada con alguien como él, pero bueno, esto sería divertido. Después de todo, yo había estudiado defensa personal y fácilmente le podía dar pelea. Empecé despacio; las personas que se colocan en esa posición generalmente no saben pelear de verdad, así que lo provoqué.
—¿Acaso tienes que actuar como un simio para mostrar tu valía como hombre? Qué decepcionante. Eso es muy infantil y con poca clase.
—No me hagas reír, siempre nos has detestado por ser gente humilde. ¿Por qué recién te interesa tanto lo que le pase a mi esposa? —Se acercó con su mano hecha un puño—. Será mejor que te vayas, porque aunque seas mujer, no tendré piedad contigo, a menos que me ruegues, claro está.
No podía más con sus comentarios. ¿Acaso trataba de decir que quería algo más que mi perdón por la cercanía? Esto era increíble. Es un cerdo completo. Más que eso, un degenerado, pero podría ceder a sus provocaciones solo para que piense que tiene el poder, así que me le pegué aún más, rozando mis labios casi con los de él, hasta que tomé su brazo con fuerza, tirándole el pie y dándole un codazo en la costilla, sacando mi cutter que siempre llevaba conmigo, amenazándolo. Salió corriendo, diciendo “loca”, pero justo ahí había un chico que nos estaba grabando. Me acerqué a él para pedirle que borrara el vídeo.
—Lo siento, solo lo grabé por si las cosas se ponían peor. Sirve como prueba si te hacía algo más, pero ahí hubiera intervenido —sonrió levemente, extendiendo su mano.
—¿Podrías compartirme este vídeo? Lo necesitaré para después… ¿Tú eres? —correspondí el saludo.
—Soy Ethan… sí, lo ves en mi polo de voluntario. Estoy limpiando las playas por el último derrame de petróleo en la zona, por esta empresa —me enseñó una foto del señor Jones haciendo tratos con empresas extranjeras, las cuales podían hacer lo que quisieran en esas costas, aparte de las actividades extractivas que eran muy agresivas.
Esto empezó a pintárseme mal; si yo le vendía el terreno de mi abuela, iban a hacer todo lo que quisieran, bueno, más de lo que estaban haciendo. Ethan me llevó cerca de la playa, donde había otros voluntarios, pero también ancianos que eran parte de las comunidades que vivían por esas zonas. Empecé a sentir algo de culpa por lo que iba a hacer, más por la pregunta de Ethan.
—¿Y tú qué haces por aquí? Nunca te había visto antes —sonrió amablemente.
—Solo… vine por mi amiga… me llamó antes por lo de su esposo y, bueno, mi intuición me decía que algo malo había pasado porque no contestaba —sonreí nerviosa.
—Ya veo… Nosotros queríamos hablar con la dueña de la última propiedad que falta para convencerla de que no la venda, pero no sabemos quién es… —suspiró pesadamente.
Quería hablar, pero la llamada del señor Jones me interrumpió. Fui a un sitio alejado donde no escucharan mi conversación. El señor Jones estaba molesto por no asistir a la reunión, pero me dio una última oportunidad.
¿Te gustó este artículo?
Compártelo con otros escritores que puedan encontrarlo útil