Volver al blogTallerista - Grupo presencial
Abdúceme que soy realidad (Capítulo 2)
Kenneth era, para variar, el fundador de un culto. Un culto a los extraterrestres.
David Vidal
11 de mayo de 2026
13 min de lectura
Yo no vine a Huánuco por la misteriosa desaparición de Kenneth.
Llamémosle suerte u olfato periodístico, pero yo llegué días antes de su presunta abducción porque un personaje tan particular merecía, por lo menos, una entrevista en persona. Quería ver sus gestos, detectar alguna mentira, o alguna verdad y, sobre todo, conocer su historia.
Me avergüenza admitirlo, pero la verdad es que vine a Huánuco más por chismoso que por periodista.
La primera vez que escuché acerca de él fue por las redes sociales y a través de una noticia que más parecía tener la fachada de un clickbait amarillista al nivel del alcalde del huaco erótico: supuesto contactado y líder de un movimiento que aboga por la intervención extraterrestre gana las elecciones a la alcaldía de Huánuco. Enarqué las cejas, aunque dentro de mí la noticia retumbó con un sesgo personal. Un sesgo que preferí enclosetar por obvias razones. Un sesgo que me da vergüenza admitir pues en casi todo soy un agnóstico. En casi todo, menos con los extraterrestres. Una pequeña y casi inaudible parte de mi tiene fe en que ellos nos visitan. En que ellos existen. Y a pesar de que mi labor me obliga a dudar y ser imparcial, cuando escuché que un presunto contactado había sido elegido alcalde esa pequeña parte de mi sintió regocijo y hasta llegué a sonreír.
Con los ojos abiertos recordé esa nave que vi hace años, sobre los cielos de Lima. Nadie más la vio, solo yo. Era inmensa y, a pesar del gris del cielo y sus nubes, se notaba con claridad. Era un platillo, y brillaba por todos sus recodos, como si la luz proviniera del material y no de simples faroles. Era un OVNI, uno que busqué noche tras noche. Nadie nunca me creyó y creí haberlo olvidado, pero no. Allí están de nuevo las pesadillas. Los veo, esa noche, en mis sueños. Pero no recuerdo nada. No de nuevo. No…
Y ahora estaba soñando despierto.
Mi pijama estaba empapada en sudor.
Opté por no averiguar nada más acerca de ese presunto contactado. Por ese entonces otras noticias relacionadas al entonces presidente Castillo eran de muchísima mayor relevancia.
Sin embargo, la vida y ese alcalde me traerían sorpresas, y no necesariamente con OVNIs.
Solo tuve que esperar poco más de tres años para que otra noticia me recordara que había un presunto contactado haciendo locuras en provincia: alcalde de Huánuco escuchará su sentencia en primera instancia por los delitos de colusión agravada, negociación incompatible y delito contra el patrimonio en el caso del Parque Temático OVNI. Lo recordé y esta vez me detuve a ver su imagen. Aparecía con un puño en el aire, y una camisa blanca, con un par de botones abiertos por debajo del cuello. Se encontraba mirando fijamente a la cámara, con una sonrisa forzada, los ojos penetrantes, bien abiertos y una barba medianamente frondosa. Su pelo crespo se veía bien cuidado y era largo para un hombre. Si entrecerrabas los ojos hasta parecía un Jesús andino, digno heredero de Ataucusi.
Debo confesar que al verlo en mi pantalla y a oscuras esa pulsión por querer saber más acerca de él se incrementó. Miré a mi ventana, a la calle, a los carros, a los postes y a las estrellas. Casi no había estrellas en el cielo. En Huánuco de seguro sí. Me lo imaginé dando la mano a un alienígena, dentro de un OVNI, inaugurando el parque temático y señalando a un cielo lleno de estrellas. Sentí envidia.
Googleé su nombre y descubrí que solo sabía la punta del Iceberg.
Apareció una retahila repleta de imágenes mal editadas, con su figura levantando siempre el mismo puño, el derecho, con el dedo índice erguido apuntando hacia las estrellas. En todas las fotos sonríe, en algunas sobre un fondo celeste, otras sobre uno azul, y siempre un platillo en la esquina derecha. No pude creer cómo alguien tan estrafalario logró ser alcalde. Encontré su facebook. Su biografía no era muy extensa, pero resumía bien todas sus facetas: Contactado, Fundador de MOVNI, y alcalde de Huánuco.
¿MOVNI?
Movimiento Orionita por la Verdad y la Nueva Institución. MOVNI.
Kenneth era, para variar, el fundador de un culto. Un culto a los extraterrestres.
Seguí navegando por la web hasta que di con el video más antiguo que encontré de él. Uno que databa del año 2010. Por ese entonces un joven Kenneth de 28 años se encontraba sentado en el pequeño set del programa OVNI del canal Más Señal 41 de Huánuco. En medio de la mesa un muñequito en forma de alienígena, con la cabeza grande y los ojos almendrados, acompañaba la toma. Detrás, hacia el fondo, una rústica animación del espacio exterior dejaba en evidencia un Chroma Key mal ejecutado.
—Yo me contacté con ellos—dice Kenneth con una voz aguda y temblorosa.—Ellos, los hermanos mayores, que también se hacen llamar los Orionitas
El entrevistador asiente, vestido con un terno ajustado que hace de corsé sobre su rollizo vientre. Voltea a ver a Kenneth con todo el torso en bloque.
—¿Quiénes son los Orionitas?—pregunta el entrevistador que, a diferencia de Kenneth, tiene una voz gruesa y gesticula sin impedimentos, acompañado por un par de palmas abiertas y ademanes certeros.
—Ellos se hacen llamar Orionitas porque vienen de Orión. Han estado en contacto con los egipcios, por ejemplo. Con su ayuda hicieron las pirámides de Giza que justito están alineadas con el cinturón de Orión—Kenneth hace una pausa. Apunta al techo del set.—Ellos les enseñaron a construirlas, si no, dígame usted ¿cómo las hicieron? Imposible que se haya hecho subiendo piedra por piedra, ¿no cree?
Kenneth mira a los ojos del entrevistador. El muchacho, aunque novato, ha virado el tema de conversación hacia un terreno en común, dejando una pregunta al aire a sabiendas que el entrevistador va a responder como él quiere.
—Claro, es más que evidente. Así como las Líneas de Nazca.
Kenneth sonríe.
—Exacto. Hay una astrónoma, como se llama…Phyllis Pitluga, nada menos que la maestra de la gran María Reiche, y que descubrió algo que confirma la presencia de los seres de Orión aquí—Kenneth hace una pausa y acerca su cuerpo pocos centímetros hacia el entrevistador.—La figura de la araña de las línea de Nazca tiene unas líneas rectas que la atraviesan y rodean, ¿no?
Otra pregunta, aparentemente inofensiva, pero el entrevistador ya no lo mira como un desconocido, sino como un aliado.
—Sí, claro.
—Ya, están alineadas con las estrellas del cinturón de Orión. Ahora yo me pregunto, ¿quién más que los Orionitas, estimado, pudieron haber dado a nuestros antepasados el conocimiento necesario para hacer esto?
El entrevistador asiente por inercia, mientras que con una de sus manos finge tomar apuntes con un lapicero. Kenneth espera en silencio, con los hombros encogidos, haciéndole saber que es solo un invitado y que espera su aprobación para continuar.
—Es cierto, el cinturón de Orión hasta se ve casi todas las noches. Pero si alguien quiere contactar con ellos, ¿cómo podría hacer? ¿Cómo logró usted el contacto con los Orionitas?
Kenneth sonríe sin discreción. Esa es la pregunta que esperaba.
—Mire, Mariano, lo puedo tutear, ¿no?
Pausé el video. Busqué el nombre del entrevistador. Mariano Donayre era, en aquel distante 2010, un ufólogo de renombre en la ciudad de Huánuco y figura emergente en temas paranormales a nivel nacional. Actualmente sigue dando conferencias en torno al tema OVNI y es el director del Parque Temático de los OVNIs en Huánuco.
Anoté su nombre en una libreta y retomé el video.
—Sí, adelante—responde Mariano con una sonrisa cómplice.
—Perfecto Mariano, mire, es una historia algo larga, pero la resumiré. Es imposible negar la existencia de seres de otros planetas en un universo tan vasto. Yo sabía eso desde muy niño y me acuerdo que miraba al cielo de día y de noche. Veía una que otra estrella, uno que otro avión, pero nada más. Y le pedía, te lo juro ah, a diosito que me dejara ver pues, a ellos, a los OVNIs—Kenneth hace una pausa. Su dedo índice apunta al techo del set.—Porque si dios existe y creó el universo también los creó a ellos, ¿no cree?
Mariano asiente una vez más, pero esta vez con el cuerpo entero.
—Finalmente a los 14 años, me acuerdo, en el techo de mi casa, frente al colegio Leoncio Prado y sobre Rondos vi una luz, como una estrella, pero que se movía así—el dedo índice de Kenneth dibuja una zeta en el aire—en zigzag, rapidísimo, nada humano pudo haber hecho eso. Y esa luz atravesó el cielo en un santiamén hasta que llegó al cerro Marabamba. Y se esfumó. Empecé a subir a mi techo todas las noches y me quedaba viendo el cielo con un amigo. Te juro que casi siempre veíamos algo, una luz, o una estrella que se movía, siempre.
Mariano sonríe y sus ojos parecen brillar.
—Los cielos de Huánuco son mágicos, ¿no?
Kenneth le devuelve la sonrisa.
—Sí, y me di cuenta recién cuando me fui a Lima a estudiar. En ese cielo gris no se ve nada, nadita de estrellas, y nunca vi OVNIs, te lo juro.
Ambos ríen en el set. Mariano mira a alguien detrás de la cámara. Mira su reloj. Kenneth sabe que tiene que ir directo al grano y se apura.
—Regresé a Huánuco ya de ingeniero y lo primero que hice fue ir al centro magnético de Kotosh. Es allí, estimado Mariano, que logro el contacto…y tú también puedes.
Mariano deja de tamborilear el aire con su lapicero y acerca su rostro al de Kenneth.
—¿Es posible que cualquiera logre el contacto?
Kenneth se queda en silencio unos segundos. Baja la mirada hacia el lapicero de Mariano, y de allí la vuelve a subir hacia sus ojos, y la voz que sale de sus labios es marcadamente más grave y segura que la de hace solo algunos minutos.
—Claro Mariano. Tienes que ir en armonía a un lugar energético, como por ejemplo, el punto magnético de Kotosh. Yo suelo ir allí. Vas con una hoja de papel y un lapicero. Meditas unos cinco minutos, luego, con los ojos cerrados, te concentras. Debes de pensar en algo que te llene de amor, porque estos seres son eso: amor. Si tienes éxito tu mano solita empezará a moverse y a escribir el mensaje de los Orionitas. Yo, por ejemplo, lo hago todas las noches.
—¿Vas a Kotosh todas las noches?
—No pues, ya perfeccioné la técnica y puedo hacerlo desde cualquier lugar. Y sabes, ellos me enviaron un mensaje para ti y tu audiencia.
El entrevistador separa los labios y deja el lapicero a un lado, muy cerca del muñeco de alienígena. Coloca los codos en la mesa, y acerca el cuerpo entero hacia Kenneth con los ojos perplejos.
—¿Y qué mensaje tienen los Orionitas?
—Este sábado 26 de junio en la noche ellos harán su aparición sobre los cielos de Huánuco. Por eso te invito a ti, a tu audiencia y a todos a las 9 a las afueras del centro arqueológico de Kotosh. Será una experiencia que sin duda cambiará sus vidas y abrirá sus mentes. Recuerden que su mensaje es de amor, dar amor a todos, que es la fuerza más poderosa del universo. Recuerden,—Kenneth mira a la cámara—recuerden que ellos vienen a rescatarnos, y que solo hace falta tener amor aquí—Kenneth golpea con ligereza el pecho—para cuando ellos decidan venir…
El video termina allí, de forma abrupta, y va directo a comerciales. La frase final resonó en mi habitación. Para cuando ellos decidan venir. Una parte de mi quiso creerle, preguntarle en persona a qué se refiere, qué le dijeron los Orionitas. Recordé de nuevo el OVNI que vi de niño, brillante, sobre el gris del cielo. Los vi otra vez, en mis pesadillas. No. Sacudí mi cabeza. Era mejor dejar ir esa idea, y bajé hacia los comentarios. Muchos apoyaban a Kenneth, defendían lo que pregonaba en ese entonces el supuesto contactado. Eran pocos los que le tildaban de corrupto y ladrón.
Es inevitable preguntarse cómo este presunto contactado, este mensajero Orionita logró conquistar el corazón de una ciudad tan antigua como La Muy Noble y Leal Ciudad de los Caballeros de León de Huánuco. Tierra que vio nacer la rebelión de Crespo y Castillo, al coronel Leoncio Prado, y que ahora se erigía como el “Roswell andino”, la tierra del primer alcalde contactado por seres de la constelación de Orión.
Huánuco me llamaba a gritos a que lo visitara, aunque solo fuera para vivir la experiencia de conocer la nueva capital del turismo ufológico.
Cedí a la tentación y me compré solo un pasaje de ida.
No sabía que esa entrevista nunca se llegaría a dar.
¿Te gustó este artículo?
Compártelo con otros escritores que puedan encontrarlo útil