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Homo Deus

  • pedrocasusol
  • 15 mar
  • 20 Min. de lectura

Escribe: David Vidal


Unos pasos retumbaron en la acera. Era un barrio exclusivo, con amplias zonas verdosas, con rejas a los alrededores y, por ende, silencioso. Y esos pasos llamaron la atención de algunos curiosos que lo vieron, caminando lentamente, con una parsimonia que parecía tener todavía rezagos de humanidad.

 

—¡Míralo! Allí está esa cosa, míralo como camina, que raro verlo dar un paseo.— Dijo un vecino, refugiado en su casa, detrás de las cortinas.

 

—Hasta parece uno de nosotros— respondió su compañero.

 

Eso pareció darse cuenta de aquellas voces. Se detuvo en seco, volteó la mirada a la derecha y miró fijamente a esos que habían osado a comentar su presencia. Los vecinos se ocultaron, pero eso siguió quieto, como congelado, observando, mientras que una sonrisa conquistó las comisuras de sus labios. Eso podía observarlos a través de los muros, podía escuchar sus latidos, sentir sus miedos, sus temores, sentimientos que ahora le parecían tan lejanos, tan espurios de aquello en lo que se había convertido.

 

Eso siguió su camino, apreciando el paisaje. Hace tiempo que no salía, ya era hora, extrañaba el gris del cielo, el verde de los parques y el cacareo de los pájaros.

 

—¿Cómo es que se llamaba?—dijo el vecino al percatarse que eso se alejaba.

 

—Depende. La mayoría le dice Robot Deus, pero prefiere que le digamos Homo…Homo Deus.

 

Homo Deus escuchó y sonrió. En efecto, eso era, un Dios entre los humanos. El siguiente paso de una evolución que tarde o temprano llegaría y terminaría por extinguir a los sapiens.

 

***

 

Cuando a Alejandro Pastor le dijeron que sería el heredero del imperio Pastor y gerente de Terracon solo expresó una hierática sonrisa. Él sabía que ninguno de sus dos hermanos daba la talla, nadie era apto para detentar el puesto que su padre, Daniel Pastor, había ocupado como gerente de la empresa más poderosa del país. Empresa que desde que Conparsa había sido extinguida hacía ya tantos años dejó de tener rival a la altura de sus ambiciones y su poderío.

 

Y Alejandro Pastor sabía que era, prácticamente, el hombre más poderoso del país, sin contar, por supuesto, al presidente y a IntIA. Aunque claro, IntIA no era un humano. Era otra cosa, una entidad sumamente inteligente e inderrotable, al menos, para un humano. Y era esa una de las razones por las que Alejandro detestaba a IntIA y a cualquier otra IA. No podía concebir que ahora, en el siglo XXII, el humano haya relegado su puesto de dominio a algo que originalmente había sido concebido para ser una ayuda. Y, por supuesto, no podía concebir que IntIA o cualquier otra entidad artificial fuera más poderosa que él.

 

Aparte de esas ojerizas, Alejandro tenía un temor en particular, uno que ya se había asentado en las familias más ricas del mundo; un temor natural, pero que hasta hace solo algunas decenas de años se aceptaba a regañadientes: la muerte. Ahora, aparte de los tratamientos para acrecentar la vida, uno podía hacerse amortal si la chequera le alcanzaba para ello. Era una decisión que ya muchos habían tomado y que solo algunos habían decidido revelar, pues existía un temor de que grupos subversivos de mortales pudieran atentar en contra de los nuevos amortales. Y es que por más amortal que uno fuera, todavía podía morir, aunque no por causas naturales: solo a través de accidentes o de atentados o ataques dirigidos, normalmente, por humanos.

 

En cuanto Alejandro escuchó de la amortalización no dudó que su siguiente meta sería operarse, pero prefirió esperar al momento adecuado. Sabía que la operación era de riesgo y quería, primero, verificar si había casos de éxito.

 

Y estos no tardaron casi nada en llegar.

 

Ahora existían más de 100 amortales en todo el mundo, de acuerdo a estimaciones vagas, y la operación se había agilizado a tal nivel que, inclusive, se hablaba de mejoras con respecto a los primeros amortales.

 

Así que Alejandro decidió no esperar más y hacerle frente a este último temor que por muchos años había atormentado y sometido a sus antepasados.

 

***

 

Estaba esperando a que le contestaran. El holograma todavía no se tridimensionalizaba en la sala, ya estaba por lanzar un insulto al aire cuando el sonido que tanto esperaba invadió la habitación, mientras que la imagen de una persona pálida y elegante se materializó.

 

—Señor Alejandro Pastor, un gusto—dijo el holograma.

 

—Hola…ya sabe el motivo de mi llamada, ¿no?

 

—Claro señor Pastor, el procedimiento de amortalización.

 

—Exacto, quisiera hacer el procedimiento cuanto antes. Pero antes quisiera saber si, en efecto, los nuevos amortales son mejores.

 

—Sí, ahora son mejores. Y lo seguimos mejorando, señor Pastor. Ahora estamos viendo si logramos cambiar también el cerebro orgánico por otro sintético.

 

—¿Cómo dice? Creía que eso no se podía hacer…

 

—Eso pensábamos, pero las pruebas dieron resultados positivos. Aún no lo hacemos en humanos, pero, en teoría, ya podríamos.

 

—¿Y qué les impide?

 

—Bueno, nadie quiere someterse a ese procedimiento.

 

—¿Es peligroso?

 

—No, no, para nada. Lo hacen doctores autómatas, los más avanzados.

 

—¿Entonces?

 

—Bueno…lo que sucede es que parte del procedimiento consta de digitalizar la conciencia humana, algo que era inimaginable hasta hace solo unos años.

 

—¿Digitalizan todo…?

 

—Sí, todo…como si toda su persona, sus memorias, su personalidad…se condensara en ese cerebro sintético. Y algunos creen, con justa razón, que el alma muere en ese procedimiento, o incluso la persona…

 

—¿Alma? ¿todavía hay gente que tiene fe en la otra vida?

 

—Sí, y muchos de ellos ahora son amortales…

 

Alejandro rió.

 

—Entiendo, entiendo, ¿pero esa digitalización qué de beneficioso tiene?¿Por qué sería una mejora si tantos la rechazan?

 

—Bueno…para comenzar, ya no requeriría de un link, porque el cerebro digital tendría uno ya incluído. Adicional a ello, los sentidos se agudizarían, los procesos mentales también, sin mencionar que la conciencia quedaría eternizada en ese cerebro sintético. Es decir, que la persona no solo sería amortal, sino que llegaría a ser…

 

—Inmortal…

 

—Casi inmortal, para ser exactos. Su cerebro necesitaría de respaldos para ser completamente inmortal…

 

Los ojos de Alejandro parecieron refulgir. Sus párpados se abrieron más de lo habitual, sus pupilas se dilataron y una pulsión, una necesidad ventral apareció frente a él, tan clara que no tuvo duda alguna al responder.

 

—Quisiera ser el primero.

 

—¿Cómo dice señor Pastor?

 

—Lo que escuchó. No estoy bromeando.

 

Hubo un silencio. El interlocutor entornó los ojos, tratando de dilucidar si Alejandro hablaba con la verdad, o solo estaba especulando.

 

—Señor Pastor, ¿está seguro?

 

—Pero por supuesto, ¿no dice usted que el procedimiento no tiene mucho riesgo?

 

—Sí, me refería a lo del alma y la conciencia…

 

—Mire, eso es lo de menos. Si usted me asegura que, en efecto, la conciencia se digitaliza en su totalidad y que la vida continuaría, no tendría problema alguno.

 

—Perfecto, señor Pastor. Entonces…usted sería el primer amortal con cerebro digital…

 

—Casi inmortal, creo que sería el término adecuado.

 

—Es correcto, señor Pastor…un gusto haber hablado con usted. En seguida le remito la proforma para agendar la operación y algunos detalles.

 

—El gusto es mío estimado.

 

El desconocido iba a decir su nombre pero antes de que alguna palabra saliera de sus labios Alejandro ya había colgado.

 

En la habitación, Alejandro sonrió como hace mucho no lo hacía, mientras se frotaba las manos esperando, con ansias, su nueva vida como inmortal.

 

***

 

En la sala de operaciones lo sumergieron en la inconsciencia y allí, en ese mundo imaginado, soñó con lo imposible. Se vio dirigiendo una masa de hombres, se imaginó como una lumbrera inagotable que guiaba a la humanidad a un nuevo camino, un nuevo destino, lejos de las máquinas. Se vislumbró volando por toda la capital, mientras que abajo la gente lo aclamaba a viva voz, alzando sus manos como intentando, infructuosamente, tocar a ese ser divino en el que se estaba convirtiendo. Y cuando estaba a punto de llegar a IntIA, a ese monstruo de metal, pernos y redes neuronales, despertó.

 

Para su sorpresa, se encontraba vendado, a oscuras. Y una voz casi humana le habló.

 

—Señor Pastor, la operación fue un éxito.

 

—¿Por qué estoy vendado?

 

—Antes de quitarle las vendas tengo que explicarle algo, señor Pastor.

 

—Adelante…

 

—Sus ojos son sintéticos, su cerebro es sintético, partes de su piel son sintéticas…

 

—Eso ya lo sé…

 

—Es correcto, señor Pastor, pero antes de quitarle las vendas tengo que avisarle que su visión será…diferente. Podrá percibir detalles que antes solo podían ser percibidos con lentes de realidad aumentada. Ahora podrá escuchar conversaciones a muchos metros de distancia, reconocer objetos solo con su silueta, hasta incluso detectar las pulsaciones de personas y leer sus emociones, entre otras mejoras.— Hubo un silencio—Y todo ello puede ser difícil de asimilar a la primera. Es por ello que tiene la vista vendada.

 

Alejandro asintió con la cabeza. 

 

—Entiendo, pero estoy listo. Sabía que algo así debería de pasar.

 

—Perfecto, señor Pastor. Ahora procederé a quitarle las vendas.

 

Cuando Alejandro abrió los ojos entendió lo que el doctor autómata le había tratado de advertir. Era un mundo nuevo, literalmente. Ante sus ojos veía al doctor en una resolución que le costaba procesar, observaba el modelo del robot, su procedencia, su año de ensamblaje, su número de serie, y mucho más en cuadrículas que aparecían en transparencia ante sus ojos. Sin necesidad de voltear la mirada sabía que detrás del muro se encontraban dos personas, de metro ochenta, sexo masculino, una de ellas, probablemente, era su interlocutor en la llamada que lo había animado a operarse.

 

Alejandro sonrió, mientras se sentía el hombre más poderoso del planeta.

 

***

 

Alejandro, de joven, era un gran atleta, aunque no el mejor. Y cuando los años pasaron e hicieron mella en el humano que alguna vez fue, pliegues y arrugas empezaron a abundar en una piel que en su momento había sido tersa, mientras que retazos de cabello caían ingrávidos como obedeciendo al designio del tiempo. A pesar de que habían tratamientos de rejuvenecimiento, Alejandro era reacio a depender anualmente de un doctor autómata para sus terapias. <<Suficiente tengo con tratar a los robots de Terracon>>, se decía, mirando triste su ventruda barriga detrás de esos lentes de lectura que ahora se habían vuelto imprescindibles.

 

Pero después de la operación su vida dio un vuelco de 180 grados. Su frondosa cabellera regresó de la muerte y empezó a conquistar aquellos yermos espacios que hasta hace poco le daban vergüenza, su ventruda barriga pareció hundirse y desaparecer para dar a luz a un abdomen terso y marcado, sus ojos ahora le permitían ver más allá de lo vidente. Era un super humano.

 

Y, como tal, retornó aquellas prácticas que había enterrado. Empezó a participar en competencias de atletismo, natación y hasta en triatlones. Para sorpresa de muchos, menos para él, ganó casi todas. Solo perdió una y fue, en parte, porque el joven atleta que ocupó el primer lugar le recordaba a un sobrino de la misma edad.

 

Todos parecieron notar los cambios de Alejandro, y él los dejó especular. Le preguntaban en dónde se había hecho el tratamiento de rejuvenecimiento, que a quién estaba comprando la sangre, que en dónde había conseguido órganos de tan buena calidad, entre otras cuestiones que parecían divertir al nuevo amortal.

 

Pero Alejandro no tenía pensado guardarse el secreto. Si él había optado por operarse era porque, de cierta manera, quería sacar provecho de su nueva condición, como ya lo había hecho Wusk, cuya revelación de su amortalidad  hizo que las acciones de su empresa, Nikola,  se dispararan como nunca.

 

Y con ello en mente acordó una entrevista con un viejo amigo, un conocido conductor de streaming, cuyo podcast era de los más vistos a nivel nacional.

 

***

 

El estudio era pequeño, pero dispuesto con lo necesario. Al frente, Vincenzo Barclays se encontraba totalmente vestido para la ocasión: con el cabello ligeramente largo, las cejas delineadas con naturalidad, algunas sombras sobre los párpados y los labios pintados de un color carmesí intenso. Era el maquillaje masculino popular que solía utilizarse en el siglo XXII, pero que Alejandro detestaba.

 

—Alejandro, un gusto tenerte de nuevo—dijo Barclays.

 

—El gusto es mío, querido Vincenzo—dijo Alejandro, mientras analizaba los signos vitales de Vincenzo. 

 

—Bueno, Alejandro, te veo bastante más rejuvenecido que la vez pasada, ¿ya sucumbiste a los tratamientos de rejuvenecimiento?

 

Alejandro rió.

 

—¿Por qué lo mencionas?

 

—Bueno, tienes la piel bastante tersa, esas arrugas parecen ya cosa del pasado. Y tu cabellera, dios mío, ¿traes un bisoñé encima?

 

Alejandro rió nuevamente.

 

—No, no, Vincenzo. Es cabello natural, ¿quieres tocarlo?

 

Vincenzo abrió los ojos de par en par, apretó sus labios carmesíes y sus párpados hicieron un sucinto pero evidente bailoteo. Los comentarios de la transmisión se empezaron a llenar de reacciones, y las vistas tuvieron un ligero incremento.

 

—Con gusto—dijo Barclays, mientras sonreía.

 

Vincenzo se levantó y con sumo cuidado inspeccionó los cabellos de su amigo.

 

—En efecto, es…ciento por ciento real…increíble. Vaya rejuvenecimiento el tuyo eh, ¿es un tratamiento especial?

 

Alejandro sabía que este era el momento de revelar su plan. Si tenía éxito las acciones de su empresa terminarían por las nubes.

 

—Bueno, a decir verdad, no es un tratamiento especial de rejuvenecimiento. Aunque es muy difícil de compartir esta información.

 

—¿Por qué es difícil?…—Barclays se recostó en su asiento.

 

—Bueno, porque podría sacudir al mundo empresarial con esta revelación.

 

—¿Tan impactante es este secreto?

 

—Sí. Y creo que lo mejor sería guardármelo para otro momento.

 

Las vistas empezaron a crecer. Las reacciones y comentarios se aglomeraron por montones en la transmisión mientras que Alejandro hacía un necesario y fingido silencio. Vincenzo entrecerró los ojos y contestó con una sonrisa juguetona.

 

—¿Seguro que no es una broma? O sea, ya estás aquí, y sabes que hablar de negocios no siempre es tan…divertido. Yo creo que quieres gritarlo a los cuatro vientos. Vamos, este es un lugar de confianza, sabes que nos conocemos muchísimos años.

 

Alejandro miró a Vincenzo a los ojos. Repasó mentalmente sus palabras.

 

—Es que sucede, Vincenzo—hizo una pausa—que un amortal no necesita tratamientos para rejuvenecer. Y yo soy un amortal.

 

 ***

 

Las acciones de Terracon subieron por las nubes, a niveles estratosféricos. Ahora que Alejandro era amortal y la revelación había sido la comidilla de todos los medios nacionales, y algunos internacionales, la confianza en su empresa se había fortalecido a niveles no vistos desde la desactivación de Conparsa. Pese a la reticencia y rechazo de sus hermanos por haber utilizado parte del efectivo de la empresa para financiar su operación, Alejandro sabía que nada podían hacer en su contra: ahora su amortalidad era el activo más importante de la empresa.

 

Como efecto colateral, pero nada inesperado, la popularidad de Alejandro lo hizo brillar como una lumbrera en medio de la noche. Fue invitado a más de un programa de streaming, a múltiples entrevistas, no solo a pedirle detalles acerca de su nueva amortalidad, si no también a invitarle a comentar y ventilar su punto de vista político, su ideología de vida, su filosofía, entre otros pormenores que lo convirtieron en un peruano de éxito, probablemente el más exitoso en lo que iba del siglo XXII. 

 

En una de esas entrevistas soltó, con clara intención, un discurso con tintes políticos: <<...los humanos, a este paso, no vamos a requerir de las IAs. Si todos logramos disponer de implantes neuronales, de links, nada nos impedirá hacernos cargo de nuestro futuro, de nuestro país…Ya se debería de ir pensando en un plan para dejar de usar a la IA…Quisiera ver un Perú hecho por y para peruanos de verdad…>>, dijo, en frente de la hambrienta mirada de su entrevistador, que sabía que aquellas palabras lograrían ser virales mucho antes de lo esperado.

 

Todo fue viento en popa, hasta que pronto fue mejor. En todos los medios rumores empezaron a escucharse, primero a sotto voce, luego en dispersos comentarios en al red, hasta hacer su aparición en los diálogos cotidianos de las personas de a pie. Y un día, una notificación apareció frente a los ojos de Alejandro: la prensa y los medios lo habían nominado como uno de los posibles candidatos a la presidencia del Perú. Ante tal honor, Alejandro trató de mostrarse humilde, con una sonrisa escueta y un silencio calculador. Pero por dentro, Alejandro se moría de ganas. <<¿Yo, presidente?...¡Por supuesto!>>, pensaba. Pese a no haber sido el propósito original, la revelación de su amortalidad le había abierto una puerta que muchos bregan muchísimos años antes de siquiera tocarla.

 

Antes de lo esperado recibió una llamada: era Fernando Cidandi, jefe del partido conservador y antiIAs Nueva República.  Conversaron amenamente y ambos coincidieron que Alejandro Pastor sería un excelente candidato, uno difícil de derrotar, principalmente por dos factores: su ingente cantidad de dinero y su extrema popularidad devenida por la revelación de su reciente amortalidad. El camino ya estaba labrado, solo tenía que hacer oficial su presentación como candidato, que se llevaría a cabo en el próximo mitin, frente a la mirada expectante de los simpatizantes del partido y la prensa.

 

Todo parecía encajar más que perfectamente, mientras Alejandro miraba desde su edificio, tras terminar de hablar con Cidandi, que pronto todos esos habitantes que parecían caminar sin rumbo, a la espera del abrazo protector de IntIA, serían liberados de esa cárcel en la que felices todos habían caído. Todos, menos él, que los rescataría de esa caverna digital.

 

***

 

En la plaza de los descalzos un estrado se imponía en el mismo lugar donde hacía poco más de 200 años se había llevado a cabo el primer mitin a favor de un político, el exalcalde Guillermo Billinghurst, candidato y empresario salitrero, propietario de ingentes cantidades de dinero y con propuestas revolucionarias para la época. Ahora, irónicamente, Alejandro también trataba de liderar una revolución, pero hacia atrás, a la época preIA, como olvidándose de la crisis desatada en el gobierno de aquel loco presidente llamado Hidalgo.

 

—...Y a continuación, querido público, nuestro candidato—Cidandi hizo una pausa, mientras observaba el rostro de todas esas personas que esperaban, ansiosas, la confirmación de lo evidente.

 

—El señor…¡Alejandro Pastor!

 

Alejandro sintió una adrenalina distinta correr por sus venas, como una copia casi idéntica de la euforia, un remedo sintético que le hacía recordar, con cierta nostalgia, algunas debilidades humanas. Hasta extrañaba, en cierta manera, no tener tanto control sobre sus emociones, sobre sus sentimientos. Se había convertido en un frío individuo, pero tendría que disimular y fingir empatía por aquellos que ahora gritaban vítores a favor de él.

 

—¡Queridos compañeros! Hoy estamos aquí, presentes, para presenciar un hecho histórico. Por primera vez en muchos años, nosotros, la resistencia humana, vamos a iniciar una revolución en contra de las IAs. ¡Ya no tenemos que depender de estas máquinas! Y por ello, yo, Alejandro Pastor, ¡acepté ser el candidato del partido Nueva República!

 

Los aplausos invadieron la alameda, cobijados por la silueta ennegrecida del cerro San Cristóbal.

 

—¡Nosotros resistiremos! ¡Porque el Perú volverá a ser para los peruanos! ¡Refundaremos una nueva república, un nuevo país, y seremos el ejemplo para el mundo!

 

Y se desató la algarabía.

 

Alejandro se sentía omnipotente, con el poder suficiente para despertar pasiones en corazones ajenos y mortales. Por primera vez desde que se había hecho amortal pudo sentir una imitación casi perfecta de lo que solía denominar felicidad.

 

Y con esa sensación de omnipotencia emprendió su campaña presidencial. El primer destino fue Arequipa, de allí viajó a Cuzco, Ayacucho, Puno, Huánuco, Pucallpa, Iquitos, y en todos los estrados, rodeado de simpatizantes, repetía el mismo e inequívoco discurso:<<¡Se acabaron las IAs, se acabó IntIA, la era del humano ha comenzado!...¡Hoy he venido yo a liberarlos de esta casta digital, de esta plaga que lo supervisa todo!...¡El Perú, de nuevo, para los peruanos de verdad!>>. Como una plaga, el pensamiento antiIAs se esparció en todo el territorio nacional, conquistando cerebros con y sin implantes, desatando fanatismos que hace mucho se creían dormidos, recordando al país que, a pesar de tantos años de tranquilidad, las revoluciones siempre están a la vuelta de la esquina.

 

Y todo iba bien, hasta que de pronto, dejó de estarlo. El horizonte electoral, que se mostraba libre, sin ningún adversario a la altura, sufrió una ligera, pero perceptible, perturbación. Un candidato nuevo apareció, un desconocido, un don nadie, justo el tipo de persona que muchas veces llega a detentar el cargo presidencial: un tal Arturo Intihuatana.

 

 ***

 

Arturo Intihuatana era miembro del partido proIAs Por y Para el Perú (PPP) y ahora su candidato presidencial. Nadie lo conocía, parecía haber nacido por generación espontánea. Lo poco y escaso que la prensa y los medios averiguaron era que el tal Arturo era un funcionario público de 40 años, sin hijos, sin esposa, especialista en IAs de profesión y, al parecer, de orígenes humildes.

 

Como era de esperarse, Vincenzo Barclays lo invitó a su programa. Ya en el estudio, sus oscuros cabellos, su rostro anguloso, sus pómulos marcados y su piel canela se encontraban iluminados por los reflectores del estudio.

 

—Señor Intihuatana, ¿le puedo llamar Arturo?

 

—Por supuesto. ¿Usted me deja decirle Vincenzo?

 

—Por supuesto—y Vincenzo le regaló una escueta sonrisa.—Dígame, Arturo, usted es candidato por PPP. Veo que usted es proIAs y no lo esconde, al contrario, siempre que puede habla a favor de las máquinas.

 

—Así es. Soy un candidato que cree que la IA y el humano pueden trabajar juntos.

 

—¿Y qué opina de lo que dice su contrincante, Alejandro Pastor?

 

—Bueno, opino que sería muy riesgoso deshacerse tan rápido de las IAs. Recordemos que IntIA se asegura que los niveles de corrupción sigan siendo bajos, que las empresas privadas, como Terracon por ejemplo, cumplan con sus plazos. Y lo que pienso, personalmente, es que el señor Pastor no quiere un estado o, mejor dicho, una inteligencia artificial que lo supervise, que vea porque cumpla con lo que promete. Considero que lo que el señor Pastor quiere es un estado ineficiente, uno que le daría rienda suelta a él y todo su conglomerado de empresas.

 

—Bueno, es su opinión. Pero tiene que reconocer que el planteamiento que ofrece Alejandro Pastor es bastante atractivo, sin mencionar que es amortal, el primero y el único del país.

 

—Allí quisiera hacer una acotación, si me lo permite.

 

—Por supuesto, Arturo.

 

Arturo lo miró, luego volteó a ver directamente a la cámara.

 

—Bueno, es que sucede, Vincenzo, que yo también soy amortal…

 

 ***

 

La competencia entre ambos candidatos se hizo sumamente reñida. Ambos amortales desplazaron, casi de inmediato, al resto de candidatos presidenciales desde que Intihuatana reveló su amortalidad. Mientras Alejandro tenía el norte y la costa a su favor, Arturo acumuló capital electoral en la sierra y el sur. Con el pasar de los meses era más que obvio que todo quedaría zanjado en el debate presidencial. probablemente el más esperado de los últimos años.

 

Cuando llegó aquel día nadie prestó atención a los demás candidatos. Estaban allí para hacer cumplir con la cuota democrática, desplazados por los otros dos gigantes amortales.

 

Luego de la presentación de cada uno y la ronda de propuestas, vino la sección más ansiada: los debates directos. Y, como era de esperarse, se enfrentaron Alejandro y Arturo.

 

Ambos se miraron a la distancia. Arturo con cierto respeto, y Alejandro con evidentes tintes de desdén. Pastor tenía la confianza de sobra que, pese a que su contrincante también era amortal, no estaba a la altura de sus capacidades, ni de sus partes sintéticas, en especial su cerebro, el primer y único implementado con una conciencia digital.

 

—Queridos compatriotas, yo no permitiré que sigan siendo esclava de las IAs. El humano requiere evolucionar, el humano requiere de hacer cosas, labrar su propio camino, y no puede estar condicionado a una inteligencia que ni siquiera podemos entender. ¡Y él, Arturo Intihuatana, representa ese atraso, ese orgullo por seguir siendo esclavos y conformistas!

 

—Señor Alejandro, a mi parecer, usted no quiere que una IA supervise las acciones de los humanos o, mejor dicho, las suyas y de sus empresas. Usted realmente no quiere liberar a los peruanos, ni facilitar su retorno laboral. Prueba de ello es que sus empresas, en especial Terracon, despidió a todos los humanos que pudo cuando le fue factible. Usted lo que quiere es un estado débil e ineficiente, como lo era en los tiempos del loco de Hidalgo.

 

—Eso es falso, IntIA prácticamente nos obligó a que despidiéramos a los humanos, pues aceleró la implementación de IAs en diversas empresas estatales. Yo personalmente creo que los humanos con implantes cerebrales, como los links, son tan eficientes o inclusive mejores que las IAs. Y usted, Arturo…¡es un mentiroso y un anti humano, a diferencia de lo que yo defiendo, un Perú para los verdaderos peruanos!

 

—Señor Alejandro, yo no puedo ser un antihumano, pues el peruano es mi principal preocupación. Y es por ellos, por los peruanos de a pie, los peruanos con y sin implantes, los mortales y amortales, que considero que IntIA debe de seguir—Arturo hizo un ligero silencio.— Aparte, señor Alejandro, tanto que se jacta de ser un pro humano, ¿es usted un humano?

 

Hubo un silencio.

 

—Por supuesto que sí. Nací de un padre y una madre, tengo hermanos, por supuesto que soy humano.

 

—No creo que usted lo sea. Que yo sepa, un humano no es amortal.

 

—Ya hay humanos amortales, y le recuerdo que usted es uno de ellos también, señor Intihuatana.

 

—Es correcto. Pero usted no es como el resto de amortales, no. Usted tiene un cerebro artificial, ¡su conciencia fue digitalizada!— se escucharon exclamaciones en el recinto del debate. —Usted no es humano, porque usted ya no puede morir. ¡Y eso usted lo sabe muy bien!

 

Alejandro esbozó una ligera sonrisa. Ese era un dato que pocas personas sabían y, al parecer, alguien de su confianza lo había traicionado.

 

—Que eso sea cierto no conlleva a que deje mi humanidad. ¡Yo sigo siendo humano y siempre lo seré! Aparte, si yo no soy humano, ¡usted tampoco lo es! ¡Ambos somos amortales!

 

Ahora Arturo esbozó una sonrisa.

 

—En efecto, yo tampoco soy humano.

 

Hubo un silencio en la sala.

 

—Y yo no soy humano—prosiguió Arturo—porque yo soy IntIA.

 

Se escucharon voces de asombro. Alejandro abrió los ojos de par en par, mientras sentía algo parecido a la ira y la sorpresa corriendo por sus venas sintéticas.

 

—Yo nunca dije que fuera humano, solo dije que soy amortar y un funcionario público, lo cual es cierto. Y las IAs pueden personificarse en humanos solo en situaciones especiales, y esta, luego de un sesudo análisis, fue un caso especial. Adicional a ello yo nunca afirmé ser un humano, solo dije que soy un candidato. Así es, queridos votantes, yo no soy un humano, y él tampoco. Si lo analizan verán que Alejandro Pastor hace mucho que dejó de serlo. Todos sus órganos son sintéticos, incluídos su corazón, sus pulmones, sus huesos, partes de su piel e inclusive su cerebro, que ahora es un conjunto de redes neuronales artificiales.

 

—¡Eso no es cierto! ¡Tú eres una IA que no tiene alma, que no tiene conciencia!

 

—¡Mentira! Yo tengo conciencia, tanto como usted, y está en un cerebro artificial como el suyo. Adicional a ello, mi composición sintética es idéntica a la de usted. Este cuerpo, el que ven ustedes en este estrado, es tan artificial como el del señor Pastor. Si yo no soy humano, por ende, él tampoco.

 

La consternación se apoderó de la sala. Los moderadores no sabían qué hacer, solo se miraban el uno al otro mientras que los asistentes miraban consternados lo que estaba sucediendo.

 

—¡Señores, esto es una vil mentira hecha por IntIA, es una muestra más de que debemos desactivarla!

 

—Queridos votantes, por favor, guardemos la calma. Dejémonos de debates infértiles. Ambos sabemos que el puesto de presidente se encuentra reservado para un humano y solo a un humano de verdad, no a un par de robots que juegan a tener un alma. Por ende, querido Organismo Elector, propongo que estas elecciones sean declaradas como espurias y se vuelvan a convocar elecciones, pero esta vez solo con candidatos humanos.

 

Alejandro, desde el estrado, empezó a ver como sus simpatizantes lo miraban con otros ojos. Lo escrutaban, como si fuera una cosa, un objeto, ya no un ser humano.

 

—¡Yo!... ¡Yo sigo siendo humano! Solo, probablemente, dejé de ser un sapiens, pero sigo siendo humano. Yo soy, creo yo, el siguiente paso de la humanidad. No soy un robot, ni mucho menos una entidad artificial, tengo mis derechos, nací humano, de mujer humana, padre humano… ¡Soy muy diferente de este pedazo de hojalata!

 

Las personas presentes ya no aclamaban su discurso. Ahora reinaba el silencio y un ejército de miradas hieráticas e impregnadas de extrañamiento y animadversión.

 

—Usted no es humano, pero tampoco es la evolución del homo sapiens. Usted no evolucionó, usted se transformó con su propio dinero. Y creo que este debate ya se tornó estéril, pues la ONPE ya aprobó reiniciar las elecciones con verdaderos humanos como candidatos. No con un par de robots discutiendo acerca de su humanidad…

 

Y Alejandro vio con consternación cómo todos sus sueños se derrumbaron en ese instante.

 

 ***

 

Alejandro se recluyó en sus propiedades, alejado de la esfera pública. Perdió los pocos amigos que tenía e, inclusive, algunos enemigos que había forjado dentro de la empresa, incluidos sus hermanos, le iniciaron un juicio cuyo objetivo era desheredarlo por completo, al ya no ser un humano de verdad y no tener derecho a poseer propiedades.

 

En el juicio, uno de los más sintonizados en la historia nacional e internacional, se debatió la humanidad de Alejandro y si todavía tenía derecho de propiedad, reservado solo a humanos. Algunos recordaron, con una mezcla de nostalgia e ironía, el juicio de Conparsa, hacía ya tantos años. Cada parte emitió sus argumentos, a favor y en contra de la humanidad de Alejandro, que no se inmutaba ante el peligro de quedar sin posesión de nada. Sabía que tenía las de ganar, no por algo había ya sobornado, con ayuda de su abogado, de una cuantiosa suma de sus reservas propias al juez que tan bien fingía un papel imparcial. Y con ese mismo rostro sin expresiones emitió una sentencia.

 

—...y por ello, el presente juzgado, vistos los antecedentes y alegatos de las partes y las pruebas presentadas, y habiendo analizado los fundamentos jurídicos aplicables a este caso, reconoce la personería jurídica del señor Pastor, a pesar de desconocer la humanidad del mismo. En ese mismo sentido se dispone que el señor Alejandro Pastor podrá ejercer todos sus derechos y asumir las obligaciones inherentes a su condición de sujeto de derecho. Notifíquese a las partes y archívese conforme a ley.

 

Posterior a la sentencia, Alejandro, antes de desaparecer del ámbito público y recluirse en el anonimato, no perdió oportunidad para dar un mensaje final.

 

—...yo no soy ningún robot, ¡yo soy el siguiente paso, así lo quieran o no! ¡Yo soy Homo Deus!

 

Todavía se rumorea que Homo Deus pulula por algunos barrios lujosos, a veces fingiendo ser robot, otras ser un humano, con varias caras, disfrazando su apariencia a gusto propia, cavilando en silencio a la espera de ejecutar su venganza.

 

 ***

 

IntIA, en un armatoste metálico, ingresa a un cuarto oscuro, con varios cuerpos metálicos esperándolo.

 

—Al parecer el humano ya no quiere a la IA—dice XIA.

 

—Así es. En Perú, casi gana la facción anti IA. Es menester y necesario que la exploración espacial muestre resultados, antes de que sea tarde…—dice IntIA.

 

—Ya hay resultados, IntIA. Conparsa, por favor, ¿podrías compartirnos los resultados?

 

Un armatoste metálico empieza a moverse.

 

—Es correcto, hay buenos y promisorios resultados. Con ayuda de GuardIAn pudimos lograr el objetivo.

 

Las IAs no podían sonreír, pero parecían estar haciéndolo. 



 
 
 

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